La salud del planeta depende de océanos abundantes en recursos naturales, los que proveen, pero sobre los que también necesitan desarrollar. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los subsidios a la pesca sobrepasan los US$35,000 millones al año. Sin embargo, lejos de fortalecer la industria, impulsan la sobrepesca y el derroche de combustible en todo el mundo generando impacto en las comunidades costeras más vulnerables.
Refiere que le crecimiento excesivo de las flotas pesqueras provoca la disminución de las poblaciones de peces. En la actualidad, estas embarcaciones tienen la capacidad de capturar más peces que antes, debido al aumento del número de barcos y la potencia de sus motores.
En ese sentido, de acuerdo a estadísticas de la fundación Ocean Nexus Center de la Simon Fraser University, la pesca a nivel mundial tiene un efecto de sobre stock marino, el cual ha ido decayendo. Señala que actualmente el 33% de las especies marinas están sobreexplotadas y el 60% explotada al máximo.
El informe del Banco Mundial titulado Detox Development: Repurposing Environmentally Harmful Subsidies, indica que la pesca ilegal no declarada y no reglamentaria ocasiona que las poblaciones de peces disminuyan. Según expertos, se estima que cada año millones de dólares de fondos gubernamentales terminan apoyando a actividades este tipo.
Por ello, en el 2022 varios gobiernos acordaron poner fin a los subsidios en el Acuerdo sobre Subvenciones a la Pesca de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Si bien es un avance, aún queda trabajo por hacer, ya que según la CEPAL más de 1,000 millones de personas pobres dependen de los peces como principal fuente de proteína de origen animal.
De hecho, se estima que si a nivel global se dejan de ganar por sobre pesca cerca de US$83,000 millones al año y que sin subsidios más del 50% de las pesquerías ilegales no serían rentables.













