El hombre ha alcanzado este estadio de modernidad gracias a la necesidad de agruparse, reconociendo sus debilidades, para construir tribus y comunidades que le permitieran convivir y desarrollarse con seguridad frente a otras especies animales y fenómenos naturales.
Con el desarrollo del intercambio comercial, se han creado diversos modelos de intercambios para garantizar el bienestar del individuo, la familia o el grupo mediante la colaboración de una mayoría. Con el tiempo, estos modelos han evolucionado y se han diversificado, alcanzando la amplitud y capacidad que tenemos hoy en el mercado asegurador. Desde el trueque, la recolección, la moneda y el comercio electrónico, hasta la moneda electrónica en pleno desarrollo.
Es fácil comprender cómo un proyecto puede interrumpirse por una acción accidental o intencional del hombre o un fenómeno natural. Y peor aún, no contar con la posibilidad de seguir adelante debido al agotamiento de los recursos para mantenerlo, todo por no haber previsto la contratación de un seguro que pudiera transferir las pérdidas y obtener una indemnización que mantenga el proyecto en pie.
Hace más de 10 años, un cliente y gran amigo me pidió el diseño de su programa de seguros. Al presentárselo, lo aceptó, pero excluyó la cobertura de “INTERRUPCIÓN DE NEGOCIO” o pérdida de beneficios. Esta cobertura no es muy común y es más compleja que la de pérdida directa, ya que cubre los gastos y costos fijos que se mantienen incluso después de paralizar las operaciones, así como los beneficios esperados del año.
Luego, el huracán George destruyó su negocio. Se ajustaron las pérdidas en un buen tiempo y se acordaron adelantos para que el cliente pudiera reconstruir, pero resulta que las obligaciones, como los intereses de préstamos, salarios de empleados, alquileres y otros costos y gastos, ahogarían el negocio. Aunque las pérdidas directas estaban cubiertas, él se encaminaba a la quiebra.
En una tibia mañana al final de agosto, mi amigo expresó sus preocupaciones. Fue entonces cuando le dije: “Prepárame todos tus costos fijos, salarios, intereses bancarios y alquileres, para someterlo a la aseguradora para el pago”. Mi amigo me miró fijamente y me dijo: “Osiris, recuerda que no quise pagar por la póliza de interrupción de negocios, tanto que insististe”. A lo que respondí: “Claro amigo, pero sabiendo que te irías muy mal en caso de ocurrir un siniestro, te la hice, solo que excluí los beneficios esperados para que no sintieras el pago de la prima sumada a las demás pólizas”.
Mi amigo se levantó de la silla, me pidió que me levantara y me dio un gran abrazo, diciéndome: “Hay que contar con amigos como tú”. Le contesté: “No siempre se tienen amigos ricos, no podía dejar de asegurarte. Pero en verdad, hay que contar con amigos como con un buen programa de seguros, para los peores momentos que podamos enfrentar ante los riesgos, sobre todo, de aquellos que no podemos asumir”.











