Varias tragedias impactaron a la sociedad dominicana en el 2023. Aunque los seguros no pueden restituir las pérdidas humanas, sí pueden aliviar el dolor de las cargas económicas generadas en las familias, empresas y el Estado debido a estas tragedias y las pérdidas de bienes.
Estos eventos podrían haberse evitado o minimizado si existiera una cultura de previsión y supervisión entre aquellos encargados de administrar e gestionar bienes e instituciones.
Durante el 2023, la facturación y los cobros de seguros aumentaron en dos dígitos, siendo notable un incremento del 34% en los seguros de incendio. Sin embargo, este aumento no se debe a que los dominicanos en general estén tomando conciencia de la necesidad de asegurarse, sino a que los costos del reaseguro han aumentado más del 30%, obligando a las aseguradoras a trasladar estos costos a los clientes.
También ha habido ajustes en las primas de vehículos, influenciadas por las ferias de los bancos que obligan a contratar seguros completos para las unidades vendidas, contribuyendo al caos en las vías públicas debido a la falta de un buen transporte colectivo.
A pesar de estos cambios, persiste una gran brecha entre los bienes asegurados y los que no lo están, representando menos del 2% del PIB, mientras que la media en América ronda el 6%. Esta situación se torna crítica en eventos como inundaciones, donde tanto los bienes inmuebles como los vehículos afectados cuentan con una cobertura inadecuada, a pesar de la previsibilidad de eventos similares anualmente, como huracanes y terremotos.
La falta de previsión y supervisión se agrava con la ausencia de consecuencias ante las constantes violaciones a la ley de tránsito, principalmente por parte de la DGII, que otorga permisos de tránsito a vehículos que no cumplen con las condiciones óptimas exigidas por el artículo 161 de la ley de tránsito 61-17.
Esto contribuye a más de 3 mil muertes, 30 mil discapacitados y pérdidas económicas de U$2 mil millones al Estado cada año, incrementando la pobreza en las familias dominicanas.
El año 2023 evidenció la carencia de seguros para los agricultores, especialmente ante la creciente frecuencia de inundaciones y la intensificación de fenómenos atmosféricos relacionados con el calentamiento global.
La presencia de importantes fallas tectónicas añade la amenaza de catástrofes que podrían afectar significativamente el desarrollo económico y social. Se sugiere que el gobierno, además de los seguros de riesgos convencionales, considere contratar seguros paramétricos, que actúan como redes sociales de apoyo para los Estados.
El 2023 deja en claro que es preferible tener seguros y no necesitarlos que necesitarlos y no tenerlos. Además de ser más económico que las pérdidas directas, los seguros también representan un ahorro, ya que las aseguradoras invierten en tesorería las reservas de las primas cobradas, impulsando así las operaciones comerciales e industriales.
Esto proporciona tranquilidad en términos de continuidad de inversiones y empleos frente a eventos impredecibles que constantemente acechan.
Las grandes tragedias del 2023 nos obligan a supervisar nuestras operaciones, prevenir de manera más efectiva y asegurarnos contra los riesgos que no podemos evitar ni minimizar, transfiriendo así las pérdidas a las aseguradoras sin generar impactos negativos en nuestra economía.










