El economista dominicano, Osvaldo Montalvo Cossío, acaba de publicar un libro en donde aborda el tema haitiano desde una perspectiva interesante, pues enfoca cuestiones como el ethos (conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad, según la Real Academia Española), para explicar el porqué no existe ninguna remota posibilidad de que Haití y República Dominicana puedan fusionarse, como lo han sugerido, abierta o soterradamente, organismos internacionales y algunos países que controlan la geopolítica internacional.
La tesis de Cossío, que denomina como sencilla, es que no hay forma, ni perspectiva desde la cual la invasión haitiana a República Dominicana sea beneficiosa para este último país. Esta afirmación se sustenta en que la población haitiana que invade al país, son “legiones de personas sin ninguna calificación profesional, técnica o laboral…en condiciones económicas críticas…sin cultura productiva, lo que han demostrado con la destrucción de su propio país”.
En su obra Economía Política de la Invasión Haitiana a República Dominicana, Cossío también enfatiza en que los haitianos tienen una visión del mundo muy diferente a los dominicanos, así como otra religión, otras costumbres, las cuales entran en serio conflicto con las nacionales.
Pero estas diferencias que existen entre haitianos y dominicanos no es solamente cultural, también se expresa en lo económico y lo social. En efecto, en un análisis comparativo realizado por la periodista de datos Melo, M. (2024), aparecido en la revista Statista, se demuestran las amplias diferencias que tienen ambos países.
Por ejemplo, mientras que Haití se revela como el país más pobre del hemisferio occidental, República Dominicana tiene una de las economías más dinámicas de la región, estimándose que puede convertirse, al 2028, en la tercera en el Caribe. Más aún, reporta la articulista Melo, un 58.7% de los haitianos vive con menos de 3.7 dólares al día, mientras que solo el 4% de los dominicanos se encuentra en esa situación de pobreza.
Adicionalmente, el producto interno bruto (PIB) per cápita de República Dominicana es casi seis veces superior al de Haití, siendo aquí de 10,111 dólares corrientes y de 1,748 el del vecino país, según datos del Banco Mundial. Por demás, la tasa de desempleo en Haití es de un 14.8%, en tanto que la dominicana ronda el 5.5%.
En ese mismo orden, mientras la esperanza de vida al nacer de un dominicano es de 73 años, para un habitante haitiano es de 63 años, es decir, una diferencia de dos lustros. Como se puede observar, desde sus respectivas independencias, los dominicanos y los haitianos tomaron rumbos diferentes, por lo que los resultados en cada país también son distintos tanto en lo económico lo político y lo social.
Pero Osvaldo Montalvo Cossío coloca un punto importante en su interesante enfoque del tema haitiano, y es el de que si la República Dominicana no toma medidas históricas, de carácter nacionalista, y enfrenta con gallardía a la comunidad internacional que tiene el Plan de Fusión, en pocos años se tendrá una crisis migratoria de magnitudes insospechadas en el país. En ese caso, afirma este autor, ya se sabe que Haití es un “Estado fallido”, en tanto que República Dominicana es un “Estado fallando” si no articula respuestas contundentes frente a los propósitos de ocupación de nuestro territorio.











