[dropcap]M[/dropcap]ás de 54 millones de brasileños eligieron a Dilma Rousseff presidenta de su país. La doble moral de una sociedad borracha de “justicia a mi manera”, y unos pocos “enquistados” le dieron un golpe de estado constitucional del que la democracia tardará muchísimo tiempo en recuperarse.
Como manda la ley, el Senado la destituyó. El conteo pasó 61 votos a favor y 20 en contra, en una decisión que también confirmó como presidente de Brasil a Michel Temer hasta el 1 de enero, quien también arrastra una larga cola de incertidumbre y señalamientos respecto a la pulcritud con que ha ejercido la política.
La sociedad de Brasil, sin duda, atraviesa no sólo una de las crisis económicas más difíciles, sino que está en medio de un trance moral. Rousseff fue acusada de “maquillar cifras” y fue condenada por graves irregularidades fiscales.
“Esto es una farsa, farsa, farsa. Es un proceso basado sólo en pretextos que será juzgado por la historia”, afirmó el senador del Partido de los Trabajadores (PT), Lindbergh Farías.
El triunfo de la doble moral en Brasil se demuestra en que Rousseff fue hallada culpable de alterar los presupuestos mediante tres decretos no autorizados por el Parlamento y de contratar créditos a favor del Gobierno con la banca pública, lo cual ha negado durante todo el proceso, que califica de “golpe”.
Habrá que ver si los senadores que la sacaron del Gobierno resisten una auditoría financiera y un pase de revista a sus actuaciones públicas.
Si Rousseff infringió la ley, entonces debió haberse llegado a otra solución. Sacándola del poder no se resuelve el desorden que afecta lo más insondable de esa sociedad.
En Brasil hay evasión fiscal, delincuencia, crimen organizado, empresarios corruptores y funcionarios corrompidos, pero no se aprende de la noche a la mañana.
Apoyo la democracia, pero cuando es justa. Ojalá la doble moral no triunfe en República Dominicana ¿O ya triunfó?








