La reforma fiscal ha sido el tema de expertos y no tan expertos. Ahora comienzan a verse las fortalezas y debilidades de nuestro sistema tributario. El Gobierno, por un lado, busca convencer a la ciudadanía de la necesidad de mejorar los ingresos tributarios, ya que el país demanda más y mejores servicios.
No hay duda de que es necesario mejorar la recaudación. Sin embargo, hay que preguntarse para qué si no viene amarrado a un compromiso del Gobierno de que mejore la calidad el gasto, incluyendo eliminar alto tan perjudicial como el gravoso déficit financiero de las empresas distribuidoras de electricidad.
Ese la población, incluyendo los empresarios, los que deberían reclamar a las autoridades de turno, por fortuna o desgracia las que están, que la reforma fiscal debe ir, por supuesto, pero que eso debe amarrarse a un algo que carcome las finanzas del Gobierno: el déficit de las EDE.







