En las últimas décadas, las ciencias sociales han experimentado un florecimiento en la comprensión del comportamiento humano. Uno de los campos más intrigantes es la “arquitectura de las elecciones”, que se refiere a las condiciones contextuales que influyen en nuestras decisiones. Imagina esta arquitectura como el diseño de una casa: la disposición de las habitaciones, la ubicación de las ventanas y la elección de materiales afectan la vida de sus habitantes de maneras sutiles, pero significativas (Paúl, 2021).
Los “empujones” son herramientas poderosas en esta arquitectura. Estos cambios buscan influir en el comportamiento de las personas, como ajustar las bisagras de una puerta para que se abra hacia un camino específico. Un ejemplo común es el diseño de sistemas de pensiones, donde la opción predeterminada es el ahorro automático para el retiro, a menos que uno elija no participar (Felsen, Castelo y Reiner, 2019). Estos empujones buscan mejorar el bienestar sin coartar la libertad de elección, como un GPS que sugiere rutas convenientes, pero permite al conductor elegir el destino (Paúl, 2021).
El libro “Nudge”, de Thaler, explora estos conceptos en profundidad. Thaler propone el “paternalismo libertario”, una forma de influencia que respeta la autonomía individual al mismo tiempo que guía hacia resultados positivos. Sin embargo, el debate ético persiste: ¿son estos empujones manipuladores o asistencia paternalista? Algunos los ven como amenazas a la libertad de elección, mientras que otros los consideran herramientas para ayudar a las personas a alcanzar sus objetivos (Hagman et al., 2020).
La aceptación de estas intervenciones varía según el contexto. Estudios recientes sugieren que la mayoría está de acuerdo con los empujones, especialmente cuando se aplican a “otros” en lugar de a ellos mismos (Hagman et al., 2020). Además, la transparencia es clave: las personas prefieren empujones cuyos mecanismos sean claros y conocidos (Jung y Mellers, 2016). Curiosamente, las opciones “opt-out” (donde uno debe elegir no participar) se perciben más negativamente que las opciones “opt-in” (Yan y Yates, 2019). La confianza en estas intervenciones también depende de quién las implementa y de la intención percibida detrás de ellas (Band, Shu y Weber, 2018).
Pero surge una pregunta fundamental: ¿cuándo debemos evaluar el juicio de los electores? ¿Antes, durante o después del empujón? (Sunstein, 2018).
Al diseñar una interverción, el criterio de los electores se evalúa en tres escenarios; Primero, cuando los electores tienen claras sus preferencias antes de verse frente al empujón, por ejemplo: cuando antes de ver un formulario ya sabes si quieres ser donante de órganos o no. El segundo escenario es cuando los empujones ayudan a los electores con problemas de autocontrol, donde la intervención busca alterar la facilidad con la que se eligen las opciones, que, por sesgos conductuales, se estiman que son más tentadoras. Por ejemplo, el diseño de una cuenta de ahorro con libreta para aumentar la fricción para retiro de los ahorros. Y en tercer lugar cuando los electores están satisfechos con los resultados, por ejemplo, una persona saludable que prefiere no haber ingerido más comida chatarra sin darse cuenta de que el comedor de su trabajo intencionalmente colocó los postres al final de la vitrina para limitar el espacio en su plato luego de haber seleccionado los alimentos más saludables primero.
Así se observan claramente los tres escenarios: preferencia antes del empujón con donación de órganos; preferencia durante el empujón con dificultad para retirar ahorros; y cuando se prefiere el resultado después del empujón en el caso de la dieta saludable.
En resumen, los empujones pueden ser herramientas poderosas para mejorar el bienestar, siempre que se diseñen con sensibilidad ética y se consideren las preferencias individuales en diferentes escenarios.










