En el camino de propuestas de reformas que han sido enmarcadas por el Gobierno, la reforma laboral es, quizás, la que tiene mayor tiempo bajo discusión y consideración. De hecho, si bien el presidente Luis Abinader se dispuso durante su primer cuatrienio a llevar a cabo discusiones tripartitas (gobierno-sindicatos-empleadores) al respecto, no es menos cierto que las propuestas y conversaciones antedatan a su llegada al poder en 2020.
Ahora que tenemos una propuesta de reforma laboral, que es una especie de documento “semi oficial”, pues si bien parece resumir los cambios que se han consensuado en las discusiones, las autoridades tampoco han dicho que es un documento oficial al respecto, podemos analizarla. En este sentido, observamos que la propuesta trae importantes avances en materia de fijar los horarios de los empleados, el teletrabajo y un sin número de otras importantes mejoras en las condiciones laborales en la República Dominicana.
Sin embargo, un tema que no ha sido consensuado y no se encuentra incluido en la reforma, son los necesarios cambios al esquema de cesantía en nuestro país. Esto es algo que nos hace cuestionar el sentido de la reforma, si uno de los aspectos de mayor relevancia en el mercado laboral no logró consenso en el diálogo, evidentemente la reforma es viciada, pero a la vez, es un elemento a ponderar.
Para muchos dominicanos, la cesantía se ha convertido en una especie de “ahorro” para los trabajadores, que cuentan con ese monto -que debe ser asumido en su totalidad por la empresa y liquidado en un solo pago- como una remuneración complementaria. Pero no es razonable concluir que la cesantía es realmente un ahorro, sino es más bien un derecho contingente que algunos trabajadores reciben únicamente en algunas circunstancias en que concluye la relación laboral. Por otra parte, en otras entregas de esta columna, hemos señalado como la cesantía es un pasivo de las empresas que crece con el tiempo, y que representa una importante traba para los negocios.
En las discusiones respecto a la reforma laboral, nunca se ha propuesto la eliminación de la cesantía, ni de variar el esquema de cesantía para los empleados que gozan del mismo actualmente. Al contrario, lo que se ha planteado es una serie de propuestas de cambios al sistema de manera prospectiva, con la finalidad de crear las condiciones para generar nuevos puestos de trabajo y aumento de salarios, como por ejemplo, la propuesta de convertir la cesantía en un seguro de desempleo.
No obstante todo lo anterior, reiteramos nuestra posición de que una reforma posible es mejor que una perfecta. Hubiese sido idóneo que la cesantía se hubiera racionalizado en la propuesta que cursa actualmente, pero al parecer, no será el caso, aunque existen esperanzas de que sea abordada en la reforma de la seguridad social, bajo el esquema de un seguro o algún otro mecanismo. En fin, ha llegado la hora de la reforma laboral, de un Código que data de hace 30 años, muy necesitada para que el país continúe su trayectoria de desarrolla. Aunque la reforma no abarque todos los aspectos que, en un mundo ideal, debería hacerlo, hay que respaldar la modernización del Código de Trabajo.











