Cuando se desplomó el techo de la discoteca Jet Set en Santo Domingo, a más de 100 kilómetros de distancia de Pueblo Viejo, un grupo de voluntarios ya tenía el camión cargado. En apenas 30 minutos, dejaron sus casas, sus descansos, sus familias, y se dirigieron hacia la zona de desastre. No eran bomberos de carrera ni socorristas estatales. Eran brigadistas voluntarios de Barrick Pueblo Viejo.
El equipo de Respuesta a Emergencias de la minera opera silenciosamente desde el corazón del país, en la provincia Sánchez Ramírez, pero sus acciones han cruzado fronteras y salvado vidas en situaciones críticas. Desde el terremoto de Haití en 2010 hasta incendios forestales, colapsos estructurales y accidentes de tránsito.
“Nosotros nos capacitamos bajo la norma internacional NFPA 15-00, que regula desde la formación hasta los entrenamientos operativos”, explica Leuris Pérez, especialista en respuesta a emergencias. Esta normativa estadounidense está considerada entre los estándares más exigentes del mundo para cuerpos de bomberos y brigadas de respuesta.
Los más de 80 brigadistas están preparados para afrontar incendios estructurales e industriales, rescates vehiculares y en altura, espacios confinados, materiales peligrosos y atención médica de emergencia. A esto se suma un entrenamiento especializado en incendios forestales, especialmente vital en los meses de mayor sequía.

“La temporada de incendios forestales aquí inicia en marzo y puede extenderse por meses. Ya hemos enfrentado incendios que duraron más de una semana”, agrega Ariel Ramírez, gerente de Salud y Seguridad Ocupacional. Recuerda uno en particular, que puso a prueba no solo la técnica, sino también la resistencia emocional de los voluntarios.
“Fue agotador. Trabajábamos en equipo, cuidando la fauna, manteniendo la comunicación constante. Un lado se apagaba, pero el viento prendía otro. Nunca crees que terminaste”, rememora Rosalba Delgado, técnica 4B de Instrumentación, una de las mujeres que integra la brigada.
Aunque Rosalba fue una de las primeras mujeres en integrarse al cuerpo, hoy el 26% de los voluntarios son mujeres. “Nunca sentí que los hombres me vieran con duda. Desde el primer día, me dijeron ‘vamos’. Y pasé la prueba. Nos exigen lo mismo que a cualquiera”, dice con orgullo.
La empresa ha fomentado un ambiente de respeto y reconocimiento, donde se realizan actividades para que las parejas conozcan el rol que juegan los brigadistas. “Queremos que entiendan qué significa cuando les dicen ‘Voy con el capitán’. Que puedan ponerle una cara a ese nombre”, dice Ramírez.
El reconocimiento no es simbólico. Tras la tragedia de la discoteca Jet Set, la presidencia de la empresa emitió un reconocimiento formal al equipo. “Ese pergamino vale oro. Te recuerdan que tu esfuerzo importa. Que dar la milla extra no pasa desapercibido”, comenta Rosalba.
La preparación técnica también se traduce en seguridad familiar. “Después que uno recibe estos entrenamientos, la familia se convierte en el primer lugar donde uno aplica lo aprendido”, afirma Félix Santana, especialista en emergencias. “Mi hija dice que soy su bombero”.
Rosalba cuenta cómo pudo asistir a su ahijada cuando presentó una broncoaspiración gracias a su entrenamiento en primeros auxilios pediátricos. “Uno no solo aprende, sino que salva vidas en la casa también”, afirma.
Jet Set
Uno de los momentos más impactantes para el equipo fue la tragedia en la discoteca Jet Set, en abril de este año. Fue un operativo de más de 24 horas que exigió logística, coordinación y, sobre todo, temple.
“Cuando nos llamaron, en media hora ya teníamos el camión listo y el personal equipado. Incluso voluntarios que estaban en su casa se presentaron sin que nadie los llamara. Salimos ocho y terminamos siendo 14 en total”, cuenta Santana.
No llegaron a improvisar. Se integraron al Comando de Incidente del COE (Centro de Operaciones de Emergencia) y trabajaron de forma coordinada con los equipos oficiales. “Estábamos desde la 1:30 p.m. hasta las 3:30 a.m., y a las 8:00 a.m. ya estábamos de nuevo en el sitio”, dice Félix, con evidente cansancio en el recuerdo, pero también con orgullo.

La brigada opera con recursos de primer nivel. La brigada cuenta con una dotación de herramientas especializadas que incluyen trajes para materiales peligrosos, sistemas de respiración autónoma, y equipos hidráulicos para cortar estructuras vehiculares. Solo un traje de bombero cuesta unos US$3,500. “Operar una brigada como esta requiere mucha inversión. Pero no sirve tener buenos equipos si el personal no está capacitado, ni tener personal capacitado sin los recursos necesarios”, puntualiza Anselmo Leonardo, superintendente de Salud y Seguridad.
Un juego de guantes para rescate vehicular puede superar los US$80, y las herramientas de corte hidráulico alimentadas por batería están entre las más modernas del país.
“Contamos con equipos de respiración autónoma, camillas especializadas, vehículos de intervención rápida y un edificio operativo diseñado como destacamento 911 interno”, explica Leonardo.
Pero la inversión más importante es la humana. La empresa destina unos US$25,000 anuales solo para entrenamiento de la brigada, y el presupuesto total del Departamento de Salud y Seguridad Ocupacional es de US$2.3 millones anuales. En promedio, la empresa dedica unos US$10,000 en entrenamientos.
Aunque están adscritos a la mina, su labor trasciende los límites corporativos. Han asistido en incendios urbanos en Cotuí, accidentes vehiculares en la carretera, y emergencias de materiales peligrosos como la fuga de gas en una comunidad de cercana.
Además, se han firmado acuerdos de colaboración con Cruz Roja, Defensa Civil y el Sistema Nacional de Emergencia 911 de zonas cercanas como Maimón, Piedra Blanca y Cotuí. Estos acuerdos permiten compartir entrenamientos, herramientas y conocimientos. “Nos conviene como empresa que los organismos locales funcionen bien, porque son los primeros que llegan ante una emergencia”, dice Ariel Ramírez.
Ser brigadista voluntario no es una tarea sencilla. Muchos sacrifican fines de semana, noches en casa y actividades familiares. “Es una balanza difícil”, admite Robert Díaz, oficial de seguridad.
Díaz recuerda con humor su primer entrenamiento. “Me mandaron a buscar un oxímetro y yo no sabía ni cómo se escribía. Pero de ahí nació la pasión. Hoy tengo mi botiquín, mi maleta de emergencia en el carro y mi familia sabe qué hacer si pasa algo”, narra.
La labor no se limita a la respuesta. También trabajan la prevención y la preparación. En temporada ciclónica, por ejemplo, se activa un monitoreo constante para anticipar eventos meteorológicos.
“Hay que dejar de pensar que lo importante es solo cuando pasa algo. Estar preparado es igual de vital. No hay que esperar a que se inunde Cotuí para movernos”, afirma Ramírez.
Cada año, desde antes de que empiecen los meses críticos, se implementa un seguimiento riguroso que permite anticipar posibles amenazas y reforzar las medidas de seguridad en toda la operación minera y sus alrededores.
Además, el compromiso con la prevención no se limita al personal de la empresa, sino que se extiende a las comunidades aledañas y a organismos de socorro externos.
Mediante programas de capacitación y colaboración, Barrick fortalece la capacidad de respuesta colectiva, asegurando que tanto empleados como vecinos estén preparados para enfrentar cualquier emergencia relacionada con fenómenos naturales como los huracanes. Esta estrategia busca reducir el impacto y proteger vidas, recursos y el medio ambiente.
Equipamiento
La brigada de emergencia de Barrick Pueblo Viejo está compuesta por distintas áreas operativas de la mina. Bajo la dirección del capitán del turno A, Ángel Jiménez, los brigadistas realizan entrenamientos prácticos en manejo de fuego tipo B, como parte de su formación continua.

Durante la jornada más reciente, los ejercicios incluyeron el uso de trajes de bomberos y prácticas con distintos tipos de chorros de agua, directo, en neblina y en cono, en un campo especializado para simular incendios reales con líquidos inflamables y estructuras.
Además del agua, los entrenamientos contemplan el uso de agentes retardantes, lo que permite una respuesta más efectiva según el tipo de fuego.
El entrenamiento se realiza en un campo con torres de rescate en altura y vehículos habilitados para simulacros de extracción vehicular, una práctica crucial en situaciones de emergencia donde cada segundo cuenta.
La capacitación, según explicó Jiménez, combina teoría y práctica en escenarios que replican las condiciones reales de riesgo. Uno de los recursos del equipo es el camión de primera respuesta, un vehículo compacto, pero completamente equipado para atender emergencias inmediatas.
Tiene una capacidad de almacenamiento de 450 galones de agua y 12 galones de agente extintor, así como una bomba capaz de inyectar 400 galones de agua por minuto.
Este camión posee además un sistema para dosificar espuma según se requiera, lo cual permite enfrentar incendios forestales o con combustibles líquidos de manera más eficiente.












