El acuerdo entre Barrick Pueblo Viejo, Gobierno y las comunidades afectadas por la construcción de la presa de colas fue a principios de junio de este año. Sin embargo, hay una variable que vale la pena tratar con profundidad. El costo de la paz social.
La paz social no tiene precio, pero sí tiene costo. Y en el caso del conflicto por el reasentamiento de comunidades afectadas por la construcción de la presa de colas de Barrick Pueblo Viejo, ese costo supera los US$400 millones. Sin embargo, los beneficios que se derivan de este acuerdo, tanto en ingresos para el Estado, estabilidad territorial y certidumbre social, son infinitamente mayores.
La continuidad de la operación minera más importante del país, más allá de 2030, depende de esta obra. Y con ella, miles de millones de dólares en exportaciones, empleos y recaudación fiscal.
El Estado dominicano ha cumplido con su deber esencial: garantizar la paz social. Lo hizo no con represión ni indiferencia, sino con diálogo, mediación y compromiso.
Las protestas que se extendieron por meses en Cotuí y zonas aledañas pusieron en evidencia una tensión legítima entre desarrollo económico y derechos comunitarios. Pero también revelaron que cuando el Estado asume su rol de árbitro justo, es posible encontrar soluciones que beneficien a todos los involucrados.
El acuerdo logrado entre el Gobierno, Barrick y las comunidades marca un precedente histórico. No solo se reconocieron las demandas de los afectados, sino que se establecieron mecanismos de compensación, vivienda digna, restauración de medios de vida y participación comunitaria.
El proceso de reasentamiento sigue su curso, y aunque implicará un trabajo arduo para todas las partes, al final será de provecho para el país.
Este pacto no es solo un triunfo logístico, sino ético y político. El Estado demostró que puede ser garante de derechos sin frenar el desarrollo. Que puede exigir a las empresas responsabilidad social sin ahuyentar la inversión. Y que puede escuchar a sus ciudadanos sin perder autoridad.
República Dominicana, líder en crecimiento económico, turismo y atracción de inversión extranjera, no puede permitirse que su progreso se construya sobre el conflicto.
La paz social es la base de todo desarrollo sostenible. Y aunque su costo sea alto, su valor es incalculable.







