Durante décadas, las pérdidas eléctricas en la República Dominicana han sido abordadas principalmente como un problema financiero, fiscal y operativo: una carga para el Estado, una fuente estructural de subsidios y un factor de deterioro para las empresas distribuidoras de electricidad (EDE).
Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, las pérdidas en distribución constituyen también la mayor oportunidad de mejora del desempeño del sistema eléctrico dominicano.
La brecha tan amplia entre energía comprada, facturada y cobrada, expresada en miles de gigavatios-hora (Gw/h) no monetizados y decenas de miles de millones de pesos no recuperados, representan una reserva de alto valor económico, aprovechable sin aumentar generación ni tarifas.
Los datos del Informe de Gestión Comercial 2025 del Ministerio de Energía y Minas (MEM) y el comportamiento del financiamiento externo evidencian que pese a más de dos décadas de préstamos multilaterales y programas de modernización, las pérdidas siguen siendo elevadas, fruto de limitaciones para traducir inversión en resultados sostenibles.
Financiamiento y resultados
Entre los años 2004 y 2023 el sector eléctrico recibió importantes recursos para modernización y reducción de pérdidas, incluyendo años con desembolsos superiores a US$200 millones. Sin embargo, no se observa una reducción sostenida de las pérdidas de las EDE.
Esto sugiere que el problema no es la falta de recursos, sino debilidades en la ejecución. Los fondos han fortalecido infraestructura, pero no han eliminado causas estructurales como fraude eléctrico, manipulación de medidores, conexiones ilegales y limitada fiscalización.
En consecuencia, se ha abordado un problema de gobernanza como si fuera exclusivamente técnico.
Energía no monetizada: una reserva de valor
En el pasado año 2025, las distribuidoras Edenorte, Edesur y EdeEste dejaron de monetizar más de 8,500 GW/h, equivalentes a RD$86,000 millones de energía consumida pero no registrada ni cobrada.
Desde un enfoque gerencial, se trata de un “activo oculto”: valor ya generado que no se convierte en ingresos. A diferencia de otros sectores, donde aumentar ingresos requiere expansión, en electricidad gran parte de este valor puede recuperarse mejorando la gestión del sistema existente.
El núcleo del problema: gestión comercial
La evidencia indica que una parte significativa de las pérdidas de las EDE responde a factores comerciales: fraude, manipulación de medidores, conexiones clandestinas y clientes sin contratos. Esto desplaza el eje de solución hacia la capacidad institucional de medir el consumo de electricidad y cobrarlo correctamente.
Por tanto, la verdadera transformación exige migrar desde una lógica centrada en activos físicos hacia otra basada en inteligencia operativa, medición inteligente, analítica de consumo, inspección focalizada y sistemas antifraude robustos.
EDEESTE: mayor desafío y mayor oportunidad
La empresa EdeEste concentra los niveles más altos de pérdidas del sistema eléctrico, lo que la convierte en el principal foco de deterioro, pero también en el mayor espacio de mejora.
Desde una perspectiva estratégica, esta concentración permite focalizar intervenciones donde el impacto sería mayor. Reducir pérdidas en esta distribuidora tendría efectos inmediatos en ingresos, subsidios y sostenibilidad financiera.
Reducir pérdidas: la política más rentable
En el sector eléctrico dominicano existe una alternativa más eficiente de aumentar los ingresos, que consiste en monetizar correctamente lo que ya se produce, pues reducir las pérdidas del 41% al 10% permitiría recuperar cerca de RD$68,000 millones anuales, con un efecto comparable al de una reforma fiscal de gran escala, pero sin nuevos impuestos.
Ese monto permitiría reducir el subsidio eléctrico, liberar recursos para sectores como educación, salud e infraestructura, disminuir presión sobre el endeudamiento público y fortalecer la sostenibilidad financiera de las distribuidoras.
Tradicionalmente, las pérdidas se han tratado como déficit, lo que ha promovido una lógica reactiva. Pero si se interpretan como productividad no aprovechada, el enfoque cambia, pues cada punto de pérdida recuperado implica más ingresos, eficiencia y menos presión fiscal. Bajo esta perspectiva, reducir pérdidas deja de ser una corrección y pasa a ser una estrategia de crecimiento.
Conclusión
El desempeño de las empresas distribuidoras, por más de dos décadas, demuestra que invertir más recursos no basta si no se transforma la capacidad institucional que convierte la inversión en resultados. El futuro del sector eléctrico dominicano dependerá menos del volumen de financiamiento adicional que reciba y más de su capacidad para reducir pérdidas sobre energía ya producida.
La verdadera reforma no consiste únicamente en ampliar generación o redefinir subsidios, sino en cerrar la brecha entre energía entregada y energía cobrada. En el sistema eléctrico dominicano, la mayor oportunidad de crecimiento no está en producir más electricidad, sino en dejar de perder la que ya se produce.


