En el sistema tributario local existen muchas disposiciones que fueron establecidas con la promesa de temporalidad. Casos como el impuesto a los intereses de los ahorros, el de transferencias bancarias, el anticipo del impuesto sobre la renta, entre otros, son ejemplos de esas promesas.
El problema es que esos gravámenes que se establecen con la promesa de que serán temporales, terminan convertidos en permanentes. Ahora, con el nuevo plan fiscal del Gobierno, se habla de aumentar el ISR a las grandes empresas de 27% a 30% durante un período de tres años.
La pregunta es si al cabo de ese tiempo se volverá a reducir a la tasa actual o si esa temporalidad se convertirá en permanencia como ha ocurrido con otros gravámenes vigentes aún.
La credibilidad del Gobierno también es un activo que debe ser preservado, independientemente del presidente o partido que esté dirigiéndolo en determinados períodos.











