Cuando se habla de mentoría en Latinoamérica, se debe mencionar a una mujer que ha trabajado incansablemente para que más mujeres puedan impactar a otros desde su conocimiento e historia. Su nombre es Gisel Castillo, mentora de mentores, estratega en modelos de negocio y creadora de plataformas como Woman Meet Latam y Be Mentor.
Castillo, quien es un ejemplo del poder de la reinvención, se describe como mujer sensible, resiliente, optimista y profundamente comprometida con transformar procesos en oportunidades para otros.
Ha sido este interés marcado en brindar oportunidades que la ha llevado a convertirse en un puente entre aquellos que tienen el conocimiento y quienes lo están buscando. Desde su certificación BeMentorLatam y su comunidad Woman Meet Latam, ha acompañado a profesionales y emprendedoras a transformar su experiencia en metodologías estructuradas, negocios digitales y comunidades de impacto.
Dentro del ecosistema que ha creado está Digital Lab, un programa de diseño de negocios e implementación práctica con el que guía a emprendedores a crear un sistema de tracción constante de clientes mientras posicionan sus marcas en el entorno digital. Es ideal para profesionales de alto perfil que buscan posicionarse en el ecosistema digital.
Su propuesta combina marketing estratégico, psicología del comportamiento, estructura empresarial y desarrollo personal, una fórmula que le ha permitido construir un ecosistema educativo que ya alcanza a más de 17 países y ha superado el millón de dólares en ventas en el mercado digital.
Gisel es un ejemplo e inspiración para muchas mujeres que quieren emprender en digital. Gracias a esa constancia y a buscar el acompañamiento de otros mentores, pasó de ventas mensuales de apenas US$750.00 a facturar por encima de las seis cifras en dólares.
Su trayectoria la ha convertido en la dominicana con mayores ventas de productos high ticket en la plataforma Hotmart y en una de las más destacadas de Latinoamérica.
Antes de convertirse en mentora, la autora de “Ser Visible” desarrolló una destacada carrera en el sector de la publicidad y el marketing. Durante años lideró una agencia con un equipo de más de 40 profesionales entre creativos, diseñadores y ejecutivos de cuenta, trabajando con importantes marcas y corporaciones.
Sin embargo, el giro en su carrera llegó de forma inesperada. Muchos de los ejecutivos y gerentes con los que trabajaba comenzaron a dejar sus posiciones corporativas para emprender y acudían a ella en busca de orientación estratégica.
“Empezaron a decirme: ‘Quiero emprender y quiero que tú me acompañes’. Y cuando veía sus logros, la satisfacción que sentía era enorme. Ahí ocurrió un cambio en mí”, recuerda.
Ese proceso la llevó a tomar una decisión trascendental: dejar de trabajar exclusivamente con marcas y enfocarse en trabajar con personas, ayudándoles a construir negocios digitales sostenibles a partir de su conocimiento. Aunque mantuvo algunos proyectos vinculados a su agencia, una actividad que considera parte de su ADN, decidió dedicar la mayor parte de su tiempo al mentoring y la formación.
Con el objetivo de poder brindar un acompañamiento integral, decidió profundizar su formación para integrar herramientas de coaching, estrategia empresarial y transformación digital. Entre sus estudios se incluyen programas en negociación en Harvard y formación en design thinking y transformación digital en MIT, además de certificaciones en coaching y mentoring.
Woman Meet Latam
Uno de los proyectos más emblemáticos de Castillo es Woman Meet Latam, una plataforma que reúne a mujeres líderes, emprendedoras y profesionales de distintos países de América Latina. Este proyecto, que ha impactado la vida de cientos de mujeres, nació en un momento profundamente personal.
En 2022, durante un viaje a Nueva York surgió la idea de crear una plataforma que conectara y potenciara el talento femenino en la región. Al regresar a casa, compartió el proyecto con su esposo, quien la animó a hacerlo realidad. Así nació Woman Meet Latam, con el propósito de crear un espacio para que mujeres talentosas de distintos países pudieran elevar su voz.
Hoy la comunidad ha impactado a mujeres de 17 países y se ha convertido en un punto de encuentro para empresarias que buscan crecimiento profesional, formación y networking.
Construir autoridad
Castillo sostiene que el crecimiento del mentoring y las marcas personales en el entorno digital ha generado oportunidades, pero también desafíos. “Hoy muchas personas quieren ser mentores, pero no siempre existe estructura, metodología ni competencias para hacerlo”, explica.
Advierte que se necesita crear un sistema que permita convertir el conocimiento en modelos de negocio sostenibles. “La estructura es lo que sostiene todo. Cuando tienes bases sólidas, es difícil que tu proyecto se derrumbe”, afirma.
Ese enfoque le permitió desarrollar programas de formación para profesionales que desean construir autoridad en sus áreas de experiencia, especialmente en el ámbito de los negocios digitales.
Uno de los hitos en la trayectoria de Castillo ha sido el crecimiento de su negocio digital, que ha superado el millón de dólares en ventas a través de plataformas educativas. Aunque su experiencia en marketing le dio ventajas estratégicas, reconoce que el proceso no fue sencillo.
“Pensé que el mundo digital iba a ser fácil para mí, pero me di un gran golpe. En el mundo de los infoproductos lo que realmente manda es la credibilidad y la autoridad”, explica. Durante años trabajó detrás de escena para marcas y empresas, por lo que tuvo que desarrollar también su propia visibilidad como líder de pensamiento.
Ese proceso incluyó formación como speaker, certificaciones profesionales y una estrategia consciente para construir su marca personal. “La preparación te da herramientas para diseñar el negocio que tú quieres”, asegura.
Esa experiencia inspiró su libro “Ser visible”, una obra que invita a las mujeres a reconocer su valor, honrar su historia y asumir su liderazgo sin necesidad de encajar en modelos de perfección.
Castillo sostiene que muchas mujeres permanecen invisibles no por falta de talento, sino por creencias limitantes y expectativas sociales. “No nos estamos mirando. Creemos que debemos tener la historia perfecta para mostrarnos, y no es así”, afirma.
Para ella, la verdadera autenticidad surge cuando una persona acepta su historia y reconoce que cada experiencia (éxitos y fracasos) puede convertirse en una herramienta para ayudar a otros.
Liderazgo y equilibrio
A pesar de su intensa agenda profesional, Castillo asegura que su familia sigue siendo el centro de su vida. Es madre de tres hijos y esposa. Asegura que su familia ha tenido un papel fundamental para su crecimiento. “Mi familia es mi ancla. No tomo decisiones sin pensar en ellos”, afirma.
También reconoce el rol de su esposo como un aliado clave en su desarrollo profesional. “Él siempre me dice: ‘Ve, atrévete, yo te apoyo’. Ese respaldo hace posible muchas cosas”, explica.
En su empresa, además, apuesta por equipos de trabajo internacionales y modelos de trabajo virtual, lo que le permite coordinar proyectos con colaboradores en distintos países. Castillo comparte una reflexión que resume su filosofía de vida: “La apariencia nunca le gana a la experiencia”, afirma.
Para ella, cada logro y cada caída forman parte del proceso que permite servir a otros. “Tenemos que dejar de perseguir la perfección. Cuando empezamos a valorar nuestra experiencia, descubrimos el verdadero potencial que tenemos para impactar al mundo”.
Si te quitaras los títulos, ¿cómo te describirías?
Soy una mujer muy sensible. Y esa sensibilidad me ha traído hasta acá. Soy sensible, pero al mismo tiempo soy fuerte. No es una fuerza de imposición. Es una fuerza de resiliencia, de confianza y de certeza de que las cosas sí pueden ser mejor. Soy profundamente optimista. El “no hay”, el “no puedo”, el “no alcanza” me incomoda. Me mueve. Me reta. El “no” no me paraliza, me activa. Siempre estoy pensando cómo sí.
He librado muchas batallas internas y externas, y en medio de esas batallas aprendí a convertir mis heridas en puentes: para entender, acompañar, para no juzgar y para ayudar a otros a cruzar sus propios procesos.
Me gusta pensar cómo llevar a una persona a un mejor resultado. Soy resolutiva. Me mueve el bien común. Me sensibiliza ver talento desaprovechado. Si me quitan los títulos, soy una mujer sensible, resiliente, optimista y profundamente comprometida con transformar procesos en oportunidades para otros.
¿Cuáles han sido los hitos que han marcado la vida de Gisel?
Convertirme en empresaria muy joven en el mundo de la publicidad fue uno de los primeros grandes hitos. Fui atrevida cuando decidí crear mi agencia.
Entender que el éxito externo no siempre significaba plenitud interna fue otro momento determinante. Viví quiebres emocionales y también financieros que me obligaron a reconstruir mi identidad y comprender que uno no es lo que proyecta, sino lo que es capaz de sostener en privado.
Lanzar mi primera mentoría sin saber que estaba creando un movimiento también fue determinante. Lo que comenzó como acompañamiento estratégico terminó convirtiéndose en una expansión que cruzó fronteras.
Que alguien me reconozca en un ascensor en México, en Panamá o en Costa Rica. Que una taxista me diga “yo te sigo”. Eso me sigue moviendo profundamente. Porque soy una mujer sencilla, y ver que algo tan interno hoy toca tantas vidas es algo que no doy por sentado.
Y sin duda, ver mujeres transformar su economía y su seguridad gracias a una decisión estratégica es uno de los hitos más poderosos de mi vida.
¿De dónde nace tu pasión por el mundo de la publicidad y el marketing?
Nace de mi papá. Fue de los primeros mercadólogos de este país en los años 80. Yo tenía cinco o seis años cuando lo escuchaba hablar de posicionamiento, distribución, canales. No entendía todo, pero sabía que quería algo similar. Terminé haciendo un marketing distinto al suyo, más digital, más estratégico, más psicológico. Pero la base viene de él.
Siempre fui muy observadora. Me interesaba entender por qué las personas tomaban decisiones. Si no hubiera estudiado marketing, probablemente hubiera estudiado psicología. Y de alguna manera terminé ahí, porque el mentoring tiene mucha psicología.

¿Qué representó para ti pasar de empresaria del mundo de la publicidad y el marketing a convertirte en una empresaria enfocada en el desarrollo de otros empresarios?
Un gran desafío. Mucha gente me juzgó por quitarme la chaqueta y los tacones, por dejar los comités ejecutivos, por no querer estar a la una de la mañana editando un comercial o dirigiendo una campaña.
Llegué a tener equipos de 30 y 40 personas. Preferí reducir la estructura y, como siempre digo, ampliar el corazón. Reducir la estructura fue fuerte, pero ampliar el corazón fue una decisión consciente.
Empezó a moverme más la transformación de una persona que el posicionamiento de un producto. Fui señalada. Fui cuestionada. Pero no me arrepiento. Y si tuviera que decidirlo otra vez, lo haría mil veces.
¿Cuál fue el mayor quiebre personal que te tocó vivir antes de convertirte en mentora de visibilidad y negociación?
Aceptar mi propia historia. Entender que lo que la vida me había entregado no eran errores ni razones para juzgarme. Eran caminos que me habían traído hasta aquí.
Dejar de esconderme fue un quiebre profundo. Hubo quiebres emocionales, divorcios, procesos como mamá y como hija. Momentos donde tuve que mirar las historias familiares que traía conmigo y entender de dónde venían muchas de mis creencias.
Un día entendí que del quiebre puede nacer algo maravilloso. Que muchas veces uno tiene que romperse para saber de qué está hecho. Y que hasta de la madera rota Dios construye algo nuevo.
Cuando vi que mi historia le servía a alguien, entendí que algo grande se estaba moviendo. Hace mucho tiempo sentía que quería ser usada para algo mayor. Y comprendí que todos esos quiebres estaban canalizando algo más grande que yo. No había visto todo lo que tenía adentro hasta que acepté mi historia.
¿Cómo nace el ecosistema que hoy has construido: Meet Business Academy, Woman Meet Latam, Be Mentor…?
No nació como un plan frío. Nació como respuesta a necesidades reales, desde un proceso humano, empático, de genuinamente querer ayudar a personas a canalizar su talento, ser más visibles, negociar mejor, poner su precio, estructurar lo que necesitan, diseñar sus mentorías y construir negocios.
Sin darme cuenta estaba creando un ecosistema completo: identidad, estrategia, dinero, posicionamiento, mentalidad, legado. No fue una moda. Fue una evolución natural.
Para llegar a todo esto se necesita un cambio total. ¿Cuál fue el momento en que decidiste dejar de jugar en pequeño y qué creencias limitantes tuviste que derribar?
Yo no sabía en qué cancha estaba jugando. Solo estaba enfocada en darle a la pelota.
Con el tiempo entendí que lo que llamaba prudencia también era miedo. Yo hablaba de ser visible, pero para ayudar a la gente, no necesariamente para expandirme yo.
Había una parte de mí que quería ir más grande, pero también quería protegerse del juicio y del señalamiento. En un momento fue interno. Me pregunté si estaba siendo humilde o si realmente me estaba escondiendo o me estaba conformando. Y entendí que me estaba escondiendo y que me estaba conformando.
Ahí decidí que no era un tema de minimizar, sino de ampliar la capacidad de poder estar en contacto con más personas y que esto tuviese algo más grande.
Así nace Woman Meet LATAM y otros espacios como Plena, nuestro mastermind para mujeres que quieren continuar creciendo en comunidad. Las creencias que tuve que derribar fueron pensar que crecer era arrogancia, que expandirme podía incomodar y que protegerme era lo mismo que ser prudente. Entendí que minimizarse también es una forma de miedo.
Como mentora, ¿cuáles dirías que son las creencias que más atan a las mujeres en la actualidad?
Que tienen que estar listas antes de empezar. Que si cobran alto van a caer mal.
Que mostrarse es arrogancia. Que la competencia es una amenaza.
Que su historia es algo que deben esconder, cuando en realidad es lo que puede empoderarlas.
Has impactado a más de 17 países con mentorías, eventos y programas digitales. ¿Qué similitudes encuentras en las mujeres latinoamericanas en términos de negociación y visibilidad?
Un talento impresionante y una resiliencia enorme, pero que tienen miedo a negociar, miedo a cobrar y miedo a exponerse. Veo mucho corazón y poco precio. Son mujeres capaces, preparadas, con historias profundas, pero muchas veces esperando validación externa antes de validarse a sí mismas.
¿Cómo puede una mujer empoderarse de su historia y salir a perseguir sus sueños?
Cambiando su narrativa.
No contando la historia desde la herida, sino desde el amor, el aprendizaje y los regalos.
Cada historia trae regalos. Si todavía estamos en el dolor es porque no la hemos terminado de procesar. La historia no se borra: se resignifica, se redirige y se convierte en puente para ir más allá.
Desde tu experiencia como mentora y estratega, ¿crees que las mujeres deben trabajar primero su identidad (valores, creencias, etcétera) antes de lanzarse al mundo?
Sí, pero no puede usarse el trabajo interno como excusa eterna para no actuar. Es identidad mientras ejecutas. No identidad eterna antes de empezar.
¿Por qué crees que tantas mujeres exitosas siguen teniendo miedo de cobrar lo que valen?
Porque fuimos educadas para ser buenas, bonitas y baratas… no necesariamente para ser valiosas. Cobrar implica asumir autoridad y asumir autoridad da miedo, sobre todo, porque la autoridad no está bien definida. Muchas personas la ven como poder o abuso de poder, pero la autoridad es confianza.
La confianza sí es poder, pero es poder para servir, no poder para abusar, cuando estamos seguras de quiénes somos, no inspiramos miedo, inspiramos confianza. Desde ahí, cobrar deja de ser vergüenza y se convierte en coherencia.
¿Qué consejo le darías a una mujer que hoy sabe que es brillante, pero aún no se atreve a mostrarse?
Que no espere sentirse lista. La claridad llega caminando. El miedo no desaparece, se gestiona. El mundo no necesita más mujeres escondidas, necesita más mujeres mostrando su verdad. No venimos a competir con los hombres, venimos a compartir espacio, a complementarnos, a construir desde la unidad.
Si tuvieras que resumir tu filosofía en una sola frase poderosa para mujeres líderes, ¿cuál sería?
La apariencia nunca le ganó a la experiencia. La experiencia te da identidad, la apariencia no. La apariencia solo te da imagen.













