El incendio acaecido el viernes pasado en un hotel de Bayahibe, no es el último evento que tendremos donde se pierden propiedades y personas. Siempre queda la duda si los mismos pudieron evitarse. Como nos gustan las referencias, la reciente discusión internacional sobre la responsabilidad penal de directivos y empresas por el incendio ocurrido en Hong Kong, donde 168 personas perdieron la vida debido a fallas de supervisión y al uso de materiales inadecuados, y el proceso a los directivos del Jet Set, debe llamar la atención.
Las leyes dominicanas establecen claramente obligaciones de supervisión y control en las actividades de construcción, espectáculos públicos, hoteles, centros de diversión y establecimientos abiertos al público. La Ley 687-82 sobre Construcciones, los reglamentos técnicos del Ministerio de Vivienda y Edificaciones, las normas de los cuerpos de bomberos, así como las disposiciones sobre seguridad laboral y protección civil, imponen responsabilidades a propietarios, ingenieros, administradores, contratistas y autoridades competentes.
La tragedia del Jet Set puso sobre la mesa precisamente ese debate. Más allá de las responsabilidades que determinen los tribunales, la sociedad dominicana se pregunta si existieron inspecciones adecuadas, si las condiciones estructurales y de seguridad fueron verificadas oportunamente y si quienes tenían la obligación de supervisar cumplieron con su deber. Cuando una instalación recibe a cientos o miles de personas, la prevención deja de ser una opción para convertirse en un compromiso ineludible con la seguridad y el Estado es el principal responsable de que se cumpla la supervisión.
El incendio de Bayahíbe, es un hecho que vuelve a encender las alarmas sobre la importancia de los protocolos de prevención, los sistemas contra incendios, las rutas de evacuación, los planes de emergencia y las inspecciones periódicas, lo que debe asumir el mercado asegurador. La industria turística dominicana es uno de los principales motores económicos del país y su sostenibilidad depende, entre otros factores, de la confianza de visitantes y ciudadanos en que los establecimientos cumplen rigurosamente las normas de seguridad.
Lo que acaba de suceder en Hong Kong, debe ser un ejemplo de que los directivos, propietarios y miembros de consejos, son responsables de las decisiones y no pueden desconocer la supervisión de los procesos y acciones de sus empresas y sus empleados. Son responsables de cuestiones civiles como penales cuando se producen pérdidas humanas.
Las investigaciones en Rep. Dominicana sobre eventos de gran impacto deben implementarse y servir para fortalecer la cultura de prevención y no limitarse a la búsqueda de culpables después de la tragedia. La supervisión efectiva requiere inspecciones independientes, mantenimiento documentado, cumplimiento estricto de las normas técnicas y una actitud permanente de vigilancia. Evitemos las tragedias.
Cada permiso otorgado, cada inspección realizada, cada informe técnico firmado y cada decisión administrativa tiene consecuencias reales sobre la seguridad de las personas. Los casos de la explosión de San Cristóbal, la caída del techo del Jet Set y del incendio en Bayahíbe recuerdan que la negligencia puede ser tan destructiva como la explosión del fuego o el colapso de una estructura. Cuando se trata de proteger vidas humanas, la responsabilidad de supervisar no es un escudo para evitar problemas; es un deber que la ley y la sociedad exigen cumplir con la mayor diligencia posible de parte de los responsables, y el Estado debe garantizar.

