De niña, Yazmín Guerrero disfrutaba caminar por la playa recogiendo caracoles. En esos recorridos también encontraba pequeños cristales pulidos por el mar, sin imaginar que décadas después aquellos fragmentos moldeados por las olas se convertirían en el corazón de una propuesta artesanal.
Ese recuerdo de infancia dio origen a Ocean Glass Art, una línea de joyería que transforma cristales recolectados en las costas dominicanas en piezas de plata con un componente ambiental, social y de identidad nacional.
La colección nació hace tres años y medio como una extensión de Cayenart, empresa creada por Guerrero hace 13 años para desarrollar artesanías inspiradas en la cultura dominicana. La idea, explica, surgió de la necesidad de incorporar una propuesta vinculada a la sostenibilidad, aprovechando un recurso que la naturaleza convierte, con el paso del tiempo, en pequeñas gemas. “Siempre tuve el deseo de introducir una línea de sostenibilidad que también aportara un beneficio social”, comenta.
“No son piedras, son cristales”, aclara la artesana en una entrevista con elDinero. Indica que pueden provenir de botellas, embarcaciones o cualquier otro objeto de vidrio que haya terminado en el mar. Tras romperse, permanecen durante aproximadamente 20 o 25 años bajo la acción constante de las olas, la sal, la arena, los corales y otros elementos del ecosistema marino hasta perder sus bordes filosos y adquirir una textura lisa y opaca.

“El verdadero artista de esta línea es el mar”, afirma. Por esa razón, en el taller no alteran la forma de los cristales. El proceso consiste únicamente en limpiarlos con aceites naturales para retirar parte de la arena adherida y diseñar monturas de plata que respeten el tamaño y la silueta de cada pieza. Incluso los aretes conservan diferencias entre sí, porque ningún cristal es igual a otro y esa singularidad forma parte de su atractivo.
Sostenibilidad
Para obtener la materia prima, Cayenart trabaja con pescadores y buzos que encuentran los cristales durante sus jornadas en zonas poco profundas del mar o en la orilla de las playas. Guerrero explica que la empresa compra directamente ese material para garantizar que haya sido recolectado en República Dominicana, lo que añade valor a la colección y representa un ingreso adicional para quienes participan en ese proceso.
Aunque la línea de cristales de mar aún no se exporta, ha despertado el interés de clientes locales y visitantes que buscan piezas diferentes. La empresa también ha exhibido sus productos en actividades organizadas por instituciones públicas y representaciones diplomáticas, espacios que le han permitido dar a conocer la propuesta y acercarla a potenciales compradores.

Más allá de esta colección, Cayenart mantiene la esencia con la que nació hace más de una década. En su taller elaboran cajas, esculturas, portalápices, portatabacos y regalos corporativos utilizando maderas como caoba, cedro, roble y sabina. Cada pieza incorpora elementos representativos de la cultura dominicana y muchas incluyen una reseña sobre el paisaje o personaje que representan, con la intención de que el objeto también transmita conocimiento.
La oferta de este emprendimiento se complementa con joyas elaboradas en larimar y ámbar. En el caso del larimar, Guerrero explica que adquiere la piedra directamente de mineros de Barahona y luego desarrolla los diseños junto a su joyero. Para la artesana, trabajar con materiales de origen dominicano es una forma de preservar la identidad cultural, respaldar a productores locales y demostrar que elementos moldeados por la naturaleza pueden transformarse en piezas con valor artesanal capaces de contar la historia de Quisqueya.
Identidad
Las muñecas dominicanas sin rostro encuentran una nueva interpretación en las manos de Yazmín Guerrero, creadora de Cayenart, quien fusiona en una pieza escultórica la tradicional marchanta frutera con uno de los símbolos más representativos de la artesanía nacional.
La obra, que nació como una pintura antes de convertirse en escultura, conserva la esencia de la identidad dominicana a través de una figura estilizada elaborada con maderas semipreciosas como caoba, sabina, cedro y roble. “Cada muñeca es trabajada en el taller de ebanistería artesanal y cuenta en su base con una reseña histórica que explica el origen y significado del personaje representado”, expresa Guerrero a elDinero.
Más que una pieza decorativa, estas muñecas buscan preservar y difundir elementos de la cultura dominicana, al conectar la tradición artesanal con nuevos espacios de exhibición y mercados nacionales e internacionales.













