Todo presupuesto se formula meses antes de entrar en vigencia y descansa sobre supuestos de crecimiento, precios, ingresos y entorno internacional. Por eso, rara vez llega intacto al cierre del año, no necesariamente porque haya fallado, sino porque la realidad cambia.
A casi nueve meses de 2026, ya puede observarse qué partes del marco fiscal han resistido y cuáles han requerido ajustes.
En febrero, la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) publicó un análisis del PGE 2026 que advertía riesgos asociados a la volatilidad internacional y a presiones estructurales como las del sector eléctrico.
El crecimiento, uno de los supuestos que mejor ha resistido, acumuló 4.5% a agosto, en línea con la proyección anual. Aun así, en julio el Ministerio de Hacienda y Economía presentó una reformulación que revisó al alza los ingresos y amplió el gasto ante nuevas necesidades.
Los combustibles muestran por qué esa capacidad de ajuste es necesaria. El año comenzó con poco más de RD$13,500 millones para amortiguar sus fluctuaciones y, a mediados de septiembre, el Estado ya había ejecutado más de RD$33,800 millones para esos fines.
La lectura cambia cuando la presión es conocida y recurrente, como ocurre con el sector eléctrico. A agosto, el subsidio acumulaba RD$79,300 millones, alrededor de 0.9% del PIB proyectado para 2026, frente a una apropiación anual de RD$95,200 millones.
Mirar el presupuesto más allá de 12 meses obliga a situarlo dentro del Plan Nacional Plurianual del Sector Público 2025-2028, el Marco Fiscal de Mediano Plazo y MetaRD 2036. El reto no es solo conectarlos en la formulación, sino sostener esa visión durante la ejecución.
El proyecto de 2027 avanza en esa dirección al elevar el gasto de capital del Gobierno central a RD$257,800 millones, alrededor de 2.7% del PIB proyectado y 19.7% por encima del presupuesto inicial de 2026, mientras refuerza su vinculación con MetaRD 2036.
Pero una estrategia plurianual no se mide por el aumento de la inversión en un año, sino por la capacidad de sostenerla. Ese objetivo convive con límites fiscales. La Ley de Responsabilidad Fiscal limita cuánto puede crecer el gasto primario, mientras el ministro de Hacienda y Economía ha planteado que alcanzar MetaRD 2036 requerirá acercar la inversión pública al 4% del PIB. Preservar el espacio fiscal exige distinguir entre lo que debemos absorber porque es inesperado y lo que debemos corregir. Esa es una de las lecciones que 2026 deja para 2027.
La planificación plurianual no consiste en acertar exactamente lo que ocurrirá dentro de varios años, sino en lograr que, aun cuando la realidad obligue a ajustar el camino, cada presupuesto nos acerque a las capacidades que queremos construir hacia 2036.




