Convertir la creatividad en una industria capaz de generar empleos, elevar la productividad y aportar mayor valor agregado a la economía requerirá una estrategia que conecte educación, tecnología, inversión y sector productivo.
Esta visión fue compartida por los ministros Luis Miguel de Camps, de Educación; Rafael Santos Badía, de Educación Superior, Ciencia y Tecnología; Eduardo -Yayo- Sanz Lovatón, de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), y César Dargam, vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), durante su participación en el panel “Ecosistema naranja dominicano: construir mercado donde no lo hay”, moderado por el periodista Roberto Cavada, durante la sexta edición del Foro Caribe Naranja, celebrada bajo el tema “Creatividad humana: lo que la IA no puede imaginar”.
Los ejecutivos coincidieron en la necesidad de articular los esfuerzos públicos y privados para fortalecer la economía naranja, partiendo de la necesidad de formar talento con las competencias que demanda la economía, incorporar la creatividad a la producción, aprovechar la tecnología como herramienta y establecer mecanismos que permitan que las industrias creativas tengan mayor escala dentro del aparato productivo.
Para De Camps, uno de los primeros desafíos está precisamente en la formación. A su juicio, el sistema educativo no puede limitarse a intentar anticipar cuáles serán las profesiones o tecnologías que dominarán dentro de varios años, sino que debe desarrollar capacidades que permitan a las personas responder a los cambios.
“La función real en la que debemos considerar es en la construcción de competencias fundamentales que nos permita aprender, desaprender y volver a aprender, la capacidad de transformarse, adaptarse”, afirmó.
El ministro señaló que la tecnología debe entenderse como un potenciador y que el sistema educativo necesita profundizar su alineación con las necesidades del aparato productivo. En ese proceso, destacó que competencias como la escritura y la creatividad continúan siendo fundamentales y no desaparecen ante los avances tecnológicos.
Actualmente, cerca de 14,500 estudiantes de secundaria cursan la modalidad en artes, con salidas especializadas en áreas como música, actuación teatral, danza y producción audiovisual. A esto se suma la estrategia nacional de competencias digitales, que incorpora el pensamiento computacional y la inteligencia artificial de manera transversal al currículo.
De Camps vinculó esta transformación educativa con la necesidad de generar mayor valor agregado y con el objetivo de desarrollo económico trazado hacia 2036. “La ruta básicamente es talento, escuela, oportunidades y desarrollo”, señaló.
Desde la educación superior, Santos Badía sostuvo que la economía naranja representa uno de los espacios con potencial para generar riqueza y empleos en medio de las transformaciones de la cuarta revolución industrial.
El funcionario definió la economía naranja como “los bienes de la cultura al servicio de la generación de riqueza” y planteó que tanto la industria como el sistema educativo deben responder a esa nueva realidad.
Según explicó, esto implica transformar también la manera en que se concibe la educación superior. Frente al modelo tradicional de carreras de larga duración, destacó la creciente importancia de alternativas como microcredenciales, diplomados, certificaciones y programas concentrados en habilidades específicas.
“Una carrera puede ser una microcredencial, puede ser un diplomado, puede ser horas de habilidades”, expresó Santos Badía, quien destacó la necesidad de avanzar hacia aprendizajes más cortos y certificaciones de competencias vinculadas con las necesidades empresariales.
El ministro indicó que se trabaja en una transformación que contempla tanto una reforma legal como curricular y que incorpora al sector empresarial en el proceso.
Estrategia país
Sanz Lovatón enfatizó en la necesidad de elevar la economía naranja a la categoría de política estratégica de desarrollo. El ministro comparó el momento actual con las decisiones que permitieron al país apostar décadas atrás por sectores como el turismo, las zonas francas y, posteriormente, la logística.
En su opinión, la creatividad debería recibir un impulso de alcance similar. “Creo que la economía naranja tiene que incorporarse a la Meta 2036. No como una novedad, no como una oportunidad, sino como una necesidad existencial”, sostuvo.
Sanz Lovatón entiende que República Dominicana tendrá dificultades para competir con los grandes centros mundiales de producción tecnológica, pero posee otras ventajas sobre las cuales puede construir una propuesta diferenciada. “Lo que sí podemos competir es en creatividad, en imaginación, en adaptación. Esa es la fortaleza de nuestra cultura”, manifestó.
Para avanzar, planteó “una gran alianza público-privada” que permita establecer la economía naranja como un tema país y una estrategia nacional de desarrollo, siguiendo experiencias anteriores de articulación alrededor del turismo, las zonas francas y la logística.
También señaló que República Dominicana ya posee reconocimiento en ámbitos como la música, los videojuegos, la hospitalidad y el cine, pero consideró necesario ampliar las alianzas con la diáspora y conectar la producción local con centros de conocimiento y mercados internacionales.
Capacidad productiva
Desde el sector empresarial, Dargam coincidió con la necesidad de ampliar la manera en que se entiende la creatividad. Para el vicepresidente ejecutivo del Conep, esta no debería observarse exclusivamente desde las denominadas industrias creativas. “La creatividad no es algo solamente de la industria creativa, la creatividad ya es más bien una capacidad productiva”, señaló.
Esa visión supone que el talento creativo deje de ser incorporado únicamente en la etapa final de los proyectos. Dargam explicó que empresas y gobiernos suelen desarrollar primero sus iniciativas y posteriormente contratar profesionales creativos para ejecutarlas, cuando, a su juicio, deberían involucrarlos desde la conceptualización.
En cuanto a la inteligencia artificial, planteó que el país debe concentrarse en aprovechar las herramientas disponibles para potenciar sus capacidades existentes. “Lo que sí tenemos que hacer es aprovechar la oportunidad que se nos está brindando de utilizar las herramientas disponibles para exponenciar aún más la creatividad propia que tenemos como nación y entonces conseguir mejores resultados”, expresó.
Sin embargo, para Dargam, convertir esa creatividad en crecimiento requiere resolver uno de los principales desafíos de la economía dominicana. “La productividad se tiene que convertir no solamente en una prioridad nacional, yo diría que en una obsesión nacional”, afirmó.
El ejecutivo propuso además mapear la demanda de talento para evitar una desconexión entre lo que enseñan las instituciones educativas y lo que realmente necesita el mercado laboral.










