En casi cualquier colmado dominicano hay una libreta donde se anota el “fiao”, pagadero cuando llegue la quincena. Esa deuda es real para la familia que la debe, pero ningún banco la ve cuando esa familia pide un préstamo.
Las plataformas de “compre ahora, pague después”, conocidas por sus siglas en inglés como BNPL (Buy Now, Pay Later), funcionan como una versión digital de esa libreta. Dividen una compra en cuatro pagos quincenales sin intereses y, en su mayoría, no reportan esa deuda a los burós.
El economista Tim Quinlan, de Wells Fargo, lo llamó “deuda fantasma”.
La economía por suscripción comparte un rasgo con las cuotas: ambas comprometen el ingreso futuro del hogar. La suscripción, sin embargo, suele cobrarse con tarjeta, y lo que se carga a crédito sí aparece en el buró; la cuota BNPL, por lo general, no. La pregunta es qué ocurre con la medición del riesgo cuando parte de la deuda de los hogares no aparece en ningún reporte formal.
Crece sin registro
La deuda sin registro crece rápido. En Estados Unidos, el BNPL financió unos US$20,000 millones en compras en línea durante la temporada navideña de 2025, un 9.8% más que un año antes, según Adobe. En América Latina, Research and Markets proyecta que el mercado crecerá 24.8% este año, hasta unos US$18,500 millones.
Un estudio de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor de Estados Unidos (CFPB), publicado en enero de 2025 con datos de seis plataformas, encontró que 21% de los consumidores con historial crediticio usó BNPL en 2022. El monto era pequeño: cerca de 1% del gasto con tarjetas.
En República Dominicana, la tasa de política monetaria subió a 5.50% el 30 de septiembre, y la tasa de consumo de la banca múltiple llegó a 18.60% en julio, según el Banco Central. En ese entorno, una cuota “sin intereses” gana atractivo.
Por qué deuda invisible
La invisibilidad responde a incentivos. El comercio paga una comisión a la plataforma porque así vende más, y la plataforma aprueba con una consulta ligera al buró que no afecta el puntaje del cliente. Klarna y Afterpay argumentaron en 2025 que reportar sus planes de cuatro cuotas podría bajar el puntaje de sus usuarios estadounidenses, según The Wall Street Journal.
Así surge el apilamiento de préstamos. Según la CFPB, 63% de los usuarios tuvo varios préstamos simultáneos en 2022, y 33% los tuvo con empresas distintas, que no se ven entre sí. Cuando ese cliente pide otro crédito, el banco mide su relación entre deuda e ingreso con datos incompletos y puede prestarle de más.
La CFPB también encontró que, entre 2019 y 2022, esos usuarios dejaron de pagar 2% de sus préstamos BNPL y 10% de sus tarjetas de crédito. La agencia lo atribuye, en parte, al débito automático: la cuota se cobra sola; la tarjeta espera al cliente. La comparación es imperfecta: un BNPL dura semanas y una tarjeta, años. Aun así, estimo que cuando el dinero no alcanza, la cuota invisible se cobra primero y la mora cae en la deuda que el buró registra.
La propia CFPB advierte que sus datos no prueban que el BNPL cause más endeudamiento; quizás la gente acude a él porque ya agotó otras líneas. Para muchas personas sin historial crediticio es su primer crédito. A mi juicio, el problema principal está en lo que el sistema deja de medir.
Implicaciones por actor
Para el consumidor, el riesgo es concentrar varios vencimientos en la misma quincena, sumados a las suscripciones. Según la encuesta 2026 de Lending Tree, 47% de los usuarios de BNPL consultados en Estados Unidos pagó tarde al menos una cuota en el último año, frente a 34% dos años antes. Son atrasos y no impagos, aunque reflejan presupuestos ajustados.
Para la banca, la deuda fantasma puede ocultar morosidad futura; a los reguladores les deja incompletas las cifras de endeudamiento.
República Dominicana parte de una base útil: sus sociedades de información crediticia están reguladas por la Superintendencia de Bancos bajo la Ley 172-13 y se alimentan, sobre todo, de datos de las entidades financieras. Estimo, sin embargo, que el fiao y buena parte de la venta a plazos fuera de la banca múltiple escapan a esa base de datos.
También hay deuda que cruza la frontera. Los dominicanos con cuentas en Estados Unidos, en especial la diáspora, pueden fraccionar compras en Amazon o eBay con esas plataformas, que reportan, cuando lo hacen, a burós estadounidenses.
Si ese comprador pide aquí una hipoteca o compra en planos, el banco dominicano, que consulta los burós locales, difícilmente la verá.
Panorama Futuro
El Reino Unido sometió el BNPL a supervisión desde el 15 de julio, con evaluaciones obligatorias de capacidad de pago. La Unión Europea lo hará desde el 20 de noviembre, con su nueva directiva de crédito al consumo. En Estados Unidos, la CFPB retiró en mayo de 2025 la regla federal que equiparaba el BNPL a una tarjeta de crédito, y el avance vino del mercado: Affirm empezó a reportar a los burós y FICO lanzó versiones de su puntaje que incluyen estos préstamos.
Veo dos escenarios. En el favorable, las plataformas reportan a los burós a medida que crecen aquí y ese rastro da historial a quienes hoy no lo tienen. En el menos favorable, el BNPL crece sin compartir información y la banca local descubre el apilamiento por su propia mora.
A mi juicio, el paso natural sería ampliar el marco actual: que burós de crédito, prestamistas no bancarios y la Superintendencia de Bancos acuerden cómo reportar estas cuotas, separándolas de la deuda de tarjeta, para que el buen pagador gane historial.
La libreta del colmado funcionó porque el colmadero conocía a cada cliente y sabía cuánto le debía. Las aplicaciones de cuotas financian a millones de personas que no conocen, y ningún prestamista ve la suma completa de lo que cada una debe. El sistema financiero dominicano todavía tiene margen para ordenar esa información antes de que estas plataformas crezcan aquí, y conviene aprovecharlo.










