Todas las señales indican que el Gobierno dominicano está en una encrucijada: cualquier decisión implicará arriesgar la faja de la estabilidad. Profundizar el déficit público asusta. Aumentar los precios de combustibles, bajo un mecanismo de transición, parece la opción más cercana, pero también se vuelve arriesgada. Y es lo que, a toda luz, está sucediendo.
El ministro de Hacienda y Economía (MHyE), Magín Díaz, junto al de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Eduardo Sanz Lovatón, junto al economista Jaime Aristy Escuder, lo explican con claridad meridiana: algo debe suceder, pues la estabilidad de las finanzas públicas debe preservarse. El empresario Pedro Brache, que también fue panelista en el encuentro “Nueva realidad: República Dominicana frente al impacto global en los combustibles”, reconoció que la situación merece atención, pero que el Gobierno ha manejado correctamente la situación.
El panorama de dificultad coincide con la mejoría que hizo Fitch Ratings a la calificación crediticia soberana de largo plazo de República Dominicana de BB- a BB, con perspectiva estable. La decisión reconoce la fortaleza de sus fundamentos macroeconómicos, su capacidad de respuesta frente a los desafíos internacionales y los avances en el fortalecimiento de las políticas públicas.
Sin embargo, la intervención de las autoridades dibuja un panorama de calculada resistencia macroeconómica, por decirlo de alguna forma. Al afirmar que el Gobierno logró amortiguar razonablemente el impacto de la crisis inflacionaria global, se pone de relieve una estrategia fundamentada en un triple objetivo defensivo: proteger el bolsillo ciudadano, contener los subsidios a los combustibles y salvaguardar la estabilidad fiscal sin recurrir a la receta tradicional de la austeridad recesiva. Esto hay que explicarlo mejor.
En términos de teoría económica, ajustar el déficit mediante el recorte del gasto de capital suele ser el camino más corto, pero también el más dañino para el crecimiento potencial de mediano y largo plazo. También hay que aplatanar esto. Hay que destacar que la inversión pública registra un crecimiento del 8% este año. Los indicadores del año sostienen este enfoque; una expansión del PIB del 4.6%, robustas reservas internacionales y el dinamismo sostenido del turismo, las remesas y la inversión extranjera directa demuestran que los fundamentos de la economía dominicana siguen siendo resilientes, apuntando a retomar su tendencia histórica de duplicar el promedio regional.
Hay una variable que debe comunicarse mejor para entender lo que sucede con los combustibles. La explicación sobre la ruptura histórica de la correlación entre el petróleo crudo y sus derivados destila una realidad compleja. Históricamente, la opinión pública asumía que si el barril de crudo bajaba, los combustibles locales debían replicar esa tendencia. Hoy, la pérdida global de capacidad de refinación, por la destrucción de infraestructuras, han quebrado ese nexo conceptual. Ejemplo: el diésel y las gasolinas cotizan bajo dinámicas de escasez propias.








