Cuando una persona decide estudiar alguna carrera universitaria o técnica es con la intención de ejercer su labor en el mercado o los mercados con los que se relaciona el área en la cual desea especializarse. La diversidad de los mercados es amplia y con características a menudo muy particulares.
Pero como se trata de áreas en las que el objetivo principal es el beneficio económico, son frecuentes las prácticas desleales y por eso las autoridades estatales se encargan de crear entidades para la regulación de esos mercados.
República Dominicana es un país abierto a las inversiones y por eso la diversidad de mercados es común tanto en el área productiva como en la de servicios, con la particularidad de que las regulaciones son efectivas en algunas áreas y muy deficientes en otras.
Hay mercados donde la oferta de bienes y servicios es libre y democrática con muchos consumidores y con muchos ofertantes o vendedores. Otros mercados son más cerrados, donde en ocasiones sólo hay un vendedor para varios compradores o varios vendedores para un solo comprador. Cuando se presentan esas situaciones, las condiciones varían, pues no se trata de un “libre mercado”, sino de un mercado que requiere de mayores regulaciones, reglas y transparencia operativa.
Otra labor del Estado en determinados mercados es la de fijar precios, aun en ambientes de libre competencia, debido a las particularidades del producto que se vende. Por ejemplo, los combustibles, la tarifa eléctrica, medicamentos y otros, son bienes en los que el Estado generalmente fija los precios para evitar situaciones especulativas o de insostenibilidad.
En un sector comercial más democrático, como el de la venta de bebidas alcohólicas, el Estado interviene solo para evitar que se venda a menores de edad, pero no para los precios de venta ni para las cantidades disponibles. Es un área con muchos vendedores y muchos compradores, cuyo producto no es de primera necesidad y se deja al libre juego de la oferta y demanda.
Pero otros mercados son más complejos, como aquellos en los que el comprador es uno solo y su decisión de comprar o no puede provocar la quiebra de sus múltiples suplidores. Si la empresa como único comprador decide suspender la compra, sus vendedores se verían afectados. En esos casos, el comprador único podría establecer precios a su conveniencia y los vendedores, dependientes en un 100% del comprador, no tienen muchas alternativas.
Pero también se dan situaciones inversas, en las que el comprador es único, pero tiene la obligación de comprar el producto que le ofrecen varios vendedores, porque se trata de un bien de necesidad nacional y de suministro imprescindible.
Un ejemplo es el mercado eléctrico dominicano, donde existe un único comprador (el Estado) y varios vendedores de energía que las empresas de distribución eléctrica (EDE) requieren para suplir la necesidad de la población. Como las tres EDE son estatales, se convierten en un único comprador que necesita la energía que venden varias empresas de generación. En ese caso, el único comprador no puede poner las condiciones por sí solo, porque si bien los vendedores dependen de su compra, el comprador no puede negarse a comprar, porque está obligado a garantizar el suministro de ese producto a la población.
En ese caso el Estado como único comprador tiene la alternativa de realizar sus propias inversiones para producir el bien que ha de comprar (energía eléctrica), pero para ello necesitaría de muchos recursos que no siempre están disponibles.
Por eso el comprador único tiene que garantizar a los vendedores que les va a demandar su producción, a cambio de que los vendedores se sientan motivados a invertir más recursos para aumentar su oferta de energía. Sin embargo, los vendedores también deben motivar al comprador único a elegirlos como suplidores, para lo cual debe ofrecer un producto de buena calidad y a buen precio.
Para que ese mecanismo funcione de manera equilibrada la Ley General de Electricidad establece la compra y venta por licitación, una práctica que por primera vez en 16 años se está aplicando en la actualidad. Hasta ahora el resultado ha sido positivo, pues ya existen contratos de compra de energía a precios competitivos. Hay que esperar que siga así.











