El gobierno dominicano acaba de anunciar el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China y, de manera paralela, el rompimiento de los vínculos diplomáticos con Taiwán. A los ojos de muchos, esta jugada político-económica arrojará más frutos para el país de los que se habían logrado con la pequeña isla taiwanesa, a juzgar porque China es la segunda potencia mundial en términos económicos, así como por su incidencia política y comercial a nivel global.
Según datos recopilados, la economía china es la de mayor crecimiento en el mundo, registrando una tasa promedio anual de 9.8% en el período 1984-2014, incrementando su producto interno bruto (PIB) en más de 15 veces. Por igual, Oded Shenkar afirma en su libro “El Siglo de China” que, al año 2005, las fábricas chinas producían “el 70% de los juguetes del mundo, el 60% de las bicicletas, la mitad de los zapatos y una tercera parte de las valijas”. De conformidad con lo que plantea este mismo autor, al 2005 los chinos también producían la mitad de los hornos microondas que se vendían en el mundo, la tercera parte de los televisores y acondicionadores de aire, la cuarta parte de las lavadoras y la quinta parte de los refrigeradores. Por lo que dicen las estadísticas, nada de eso ha cambiado y, por el contrario, en esta última década la economía china se ha expandido todavía más.
En términos comerciales, China se establece como el segundo socio de República Dominicana después de Estados Unidos. En efecto, las importaciones dominicanas provenientes de China constituyeron el 13.2% del total en el 2016, según las estimaciones de Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES), frente a un 42.0% de Estados Unidos. De su lado, las exportaciones dominicanas hacia China alcanzaron menos de 200 millones de dólares en el mismo año de referencia, arrojando un déficit comercial para nuestro país. Además, el comercio de RD con China supera por mucho a las relaciones comerciales que se tienen con Taiwán.
No conforme con la expansión y participación de China en el comercio mundial durante los últimos 40 años, esa nación viene impulsando un ambicioso proyecto de infraestructura que han denominado como las Rutas de las Sedas, y el cual busca consolidar las relaciones comerciales con Asia, África, Europa y América Latina. Es decir, que la influencia que tendrá ese país asiático en el concierto económico global, probablemente se multiplicará. Por todo lo anterior, hizo bien el gobierno dominicano en divorciarse de Taiwán, aunque eso tenga consecuencias diplomáticas, y entrar en amoríos con China. El progreso siempre se construye mirando hacia el futuro.











