En momentos en que varios países luchan, de la mano de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para reducir el uso nocivo del plástico, las lluvias de la tormenta Beryl nos dejaron un mensaje contundente a los dominicanos para que cambiemos desde ya la forma en que utilizamos ese material ambientalmente peligroso y el manejo de los desperdicios sólidos.
Toneladas de desperdicios, sobre todo de plástico, fueron arrastradas por el río Ozama hacia el litoral de la turística Santo Domingo. Limpiar la costa tiene un costo económico, aunque puede considerarse mínimo frente al impacto ambiental de estos desperdicios.
Leo Heileman, representante regional de ONU Medio Ambiente para América Latina y el Caribe, ha declarado: “Cinco billones de bolsas de plásticos se utilizan cada año y un millón de botellas de plástico son compradas cada minuto. Casi 70% o más van al medio ambiente o a vertederos y más de 13 millones llegan al mar cada año”.
Un reporte difundido por la misma ONU advierte: las bolsas de plástico y los contenedores de espuma de poliestireno pueden tomar hasta miles de años en descomponerse y contaminan suelo y agua. Además, con el paso del tiempo los plásticos se dividen en fragmentos más pequeños llamados micro plásticos que al ser consumidos por animales marinos pueden entrar en la cadena alimenticia humana.
Las advertencias de la ONU que nos recordó Beryl obligan a que las autoridades dominicanas y el sector privado concentren esfuerzos en la búsqueda de alternativas para reducir el uso del plástico y evitar que los desperdicios dañen nuestras fuentes acuíferas.











