El mundo avanza de manera inexorable hacia un nuevo modelo económico mucho más avanzado, complejo y competitivo.
En su libro, La Cuarta Revolución Industrial, K Schwabel, presidente del Foro Económico Mundial, sostiene que, “Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado”.
En definitiva, la inclusión de nuevas tecnologías, tales como robótica, nanotecnología, inteligencia artificial, entre otras, están cambiando ineludiblemente el paradigma económico que imperó en el siglo XX.
De lo que se trata es de un desfase de la producción sustentada en intensivo en mano de obra y en tecnología tradicional, para dar paso a la era digital.
Una irrupción positiva donde la educación, la investigación, la creatividad y la innovación se montan sobre esta plataforma tecnológica para formular proyectos novedosos que, por su eficiencia, agilidad y productividad, están desplazando a empresas que, hace menos de 10 años eran líderes en el mercado mundial. Muchas de ellas han desaparecidos por no adaptarse a esta nueva realidad de negocio.
En su libro “Sálvese Quien Pueda” Andrés Oppenhelmer, sostiene que “en las próximas dos décadas casi la mitad de nuestros trabajos serán reemplazados por ordenadores y sistemas de inteligencia artificial”.
“Abogados, contables, médicos, comunicadores, vendedores, banqueros, maestros, restauradores, analistas, choferes”, podrían perder sus trabajos.
Con ese tipo de sociedad mundial es que tendrá que lidiar la República Dominica, en consecuencia, debemos prepararnos para dar respuesta a un mercado mundial cuyo principal valor agregado será la inteligencia, la creatividad y la educación y no la fuerza bruta. La educación es la única respuesta a ese desafío.
Por eso preocupan los resultados de las pruebas PISA que arrojaron que el nivel de los estudiantes dominicanos de 15 años es deficiente en lectura, matemáticas y ciencias, pese a que tenemos 7 años invirtiendo el 4% del Producto Interno Bruto a la educación.
Es cierto que gracias 4% se ha implementado la tanda extendida, ha mejorado la planta física de las escuelas, se ha incorporado tecnología, se ha implementado el desayuno y el almuerzo escolar y ha mejorado el salario y los beneficios de los maestros, pero estos logros son insuficientes.
Todos los países que se han insertado en la economía digital primero mejoraron significativamente la calidad de la educación, entonces no hay secretos.
Pese a las falencias educativas, República Dominicana, en los últimos 50 años ha sido la economía de mayor crecimiento en toda el área de América Latina y el Caribe, pero los modelos económicos se agotan y para mantener un crecimiento sostenido con estabilidad macroeconómica, debemos transformarnos para poder insertarnos exitosamente en la cuarta revolución industrial.
Sin educación no hay futuro, por eso acojo con entusiasmo la propuesta de convocar a distintos sectores nacionales para realizar una consulta para identificar acciones en procura de la excelencia en la educación.
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Si queremos propiciar una sociedad justa para todos, ese es el derrotero, no hay secretos, no hay otro camino.











