El presidente electo Luis Abinader presentó en su Programa de Gobierno, previo a ganar las elecciones, propuestas con la intención de hacer más eficiente y menos costosa la operatividad del Estado. Unas ideas que tienen el respaldo de la mayoría de la sociedad, pues no es secreto que la burocracia estatal es muy costosa.
Para esos fines, en su Programa de Gobierno se plantean reformas en algunas entidades del Estado, así como reducción del tamaño de otras. Esa es una tarea necesaria, aunque es posible que se torne un poco más difícil en la actual coyuntura, debido a que la tasa de desempleo en el sector privado ha aumentado de manera extraordinaria, a causa del frenazo de la economía por la pandemia del Coronavirus Covid19.
Eso hace más difícil la necesaria reducción de la exagerada empleomanía en el aparato estatal, debido a que el sector privado no tiene la capacidad de absorber a los miles de dominicanos que trabajan en el Estado y que se quedarían sin empleo. Por eso, es seguro que el proceso será más lento.
En esta entrega de La Escuela Económica tenemos la humilde intención de proponer al Presidente electo que, a la hora de anunciar por su cuenta de Twitter alguna reforma o eliminación de entidades del Estado, tome en consideración dos aspectos: el primero es que trate de que lo que anuncia vaya en consonancia con lo que plantea su Programa de Gobierno, aunque no sea estrictamente igual.
Lo digo así, porque en el caso del Fondo Patrimonial de la Empresa Reformada (Fonper), el Presidente electo propone convertirlo en un fondo de inversión para el sector eléctrico bajo la dependencia del Ministerio de Hacienda. En tanto que, en su reciente anuncio por las redes sociales, dice que va a eliminar el Fonper y que los recursos que se generan por esa institución serían invertidos en salud, no en electricidad.
No negamos que son atribuciones del Presidente de la República, en este caso, Luis Abinader a partir del 16 de agosto, decidir sobre la administración del Estado. Pero es mucho más efectivo cuando esas acciones son el fruto de una planificación previa y no por el furor momentáneo de algo que genera titulares de periódicos y opiniones favorables, aunque no siempre bien intencionadas.
Sobre este aspecto es la segunda observación a nuestro Presidente electo. La intención de suprimir o fusionar entidades del Estado ha de ser para reducir los costos económicos y burocráticos que pudieran implicar, con lo que habría una reducción del gasto público y aprovechamiento de los recursos ahorrados para invertirlos en áreas prioritarias.
Por eso es recomendable que, a la hora de suprimir entidades del Estado, nuestro nuevo presidente Abinader considere empezar por las entidades que no generan riquezas y que, por el contrario, resultan injustificablemente muy costosas para los contribuyentes.
En el caso del Fonper, se trata de una institución que genera cuantiosos recursos para el Estado, a través de las ganancias de las empresas donde hay participación accionaria estatal. Si hemos de eliminar entidades públicas, lo ideal sería identificar las que, a diferencia del Fonper, solo producen pérdidas y no justifican su razón de existencia. Por ejemplo, las llamadas “comisiones presidenciales” y “consejos presidenciales”, creados por decreto y con asignaciones presupuestarias no justificadas.
Otro aspecto a tomar en cuenta y que humildemente le referimos al nuevo presidente Abinader es que el anuncio de supresión o eliminación de entidades públicas no debe sustentarse en que hayan sido objeto de escándalos comprobados o no de corrupción. La corrupción no debes ser atribuible a las instituciones, sino a los hombres y mujeres que las dirigen y llegan a incurrir en esos actos indecorosos.
Se pudiera incurrir en un error al eliminar una institución que sea importante para el Estado por el hecho de que se haya denunciado corrupción en su interior. El anuncio debería ser de sometimiento a la Justicia de quienes hayan actuado mal en una entidad específica, pero no eliminar la entidad.
Recuerde, señor Presidente electo, que la fiebre no está en la sábana. Es nuestro humilde aporte, en procura de que usted lo haga cada día mejor.












