En términos matemáticos esta es la información oficial: Entre enero y junio de este año, las remesas sumaron US$5,263.1 millones, US$1,788.2 millones por encima del mismo período de 2020, logrando un 51.5% de crecimiento interanual. El Banco Central, incluso, le reconoce su altísima ponderación en la recuperación que muestra la actividad económica. Su interpretación económica es más amplia, partiendo de su impacto transversal.
República Dominicana debe celebrar por todo lo alto estos números. Ha llegado más remesas y eso ha ayudado en todo. Y cuando decimos que es en todo, realmente es en todo. Desde las reservas internacionales del Banco Central, porque los remesadores han tenido que buscar pesos y dejar sus dólares para completar sus transacciones (también los bancos), hasta la dinamización de la demanda interna.
¿Por qué ha sido tan importante el flujo de remesas en la economía? Sólo basta con referir que el mayor flujo de estos recursos va a los quintales 1 y 2, cuya mayor preocupación (y ponderación en el gasto) es la alimentación. Esta característica hace de este dinero, enviado por la diáspora a sus familias, se convierta en un dinamizador del consumo. Todo esto, por supuesto, se traduce en una palpable mejoría en los ingresos del Estado por vía de los impuestos.
Es de orden destacar que este dinamismo en el flujo de remesas, sumado a aumento de las exportaciones, reapertura de la actividad turística y los proyectos de inversión extranjera en ejecución, todos generadores de divisas, contribuye con una oferta suficiente de dólares en el mercado local, logrando una apreciación del peso de por lo menos un 2.0% en lo que va de año.
Independientemente de lo importante que son las remesas (y sí que lo han sido históricamente), el país debe revisar su estrategia de desarrollo para lograr que más allá del flujo de divisas que manden los dominicanos en el exterior, realmente exista un aparato productivo local capaz de competir en el mercado internacional. Una economía exportadora (no sólo con vocación a serlo) está en mejor posición o escenario para recuperarse rápidamente de cualquier crisis, como es la que padece el mundo por el covid-19.
Sólo hay que mirar al sector zonas francas, por ejemplo, para admitir que las empresas exportadoras de bienes fueron las primeras en incorporarse a la producción y al comercio. Además, fueron las que menos ayuda necesitaron del Estado porque su producción está destinada al mercado externo.
Si bien las remesas son positivas, y ojalá lleguen más cada año, es importante no descuidar el aparato productivo nacional, es decir, esos bienes exportables que garantizan un flujo de ingresos más allá de la volatilidad que caracteriza a las remesas. El flujo de remesas de junio sumó US$869.8 millones, una reducción neta de US$64 millones, un -6.8%., un dato que quizá no debe pasarse por alto.








