El año pasado las primas de seguros ascendieron a los US$2,000 millones, apenas el 1.67% del producto interno bruto (PIB), lo que indica que, a pesar de nuestro crecimiento económico por tantos años, el mercado no ha podido aprovechar estas circunstancias quedándose en los más bajos de la región, siendo de las economías más pujante y dinámica, y no podemos achacarles el fracaso de la poca penetración a situaciones externas. No hemos tenido una unidad de criterio para impulsar acciones que muevan el interés de los consumidores.
Nuestro mercado tiene un gran reto, y debe asumirlo para lograr crecer el número de asegurados, no solo de prima, la inflación hace crecer las primas. Incluso, si la muestra no crece se incrementa la prima. Necesitamos un mercado más grande como el ejemplo de los ramos de automóvil. Los motores son 3.3 millones de unidades, y son responsables del 70% de los accidentes, pero no aportan al sistema las primas que debieran. Entonces las tasas deben ser más altas para los que aseguran sus vehículos, por una siniestralidad mayor. Lo mismo ocurre con todos los ramos.
Ahora bien, debemos construir confianza, y necesariamente las aseguradoras y los intermediarios tienen que hacer su parte y tener como rector al regulador, que debe fortalecer la supervisión que el consumidor sienta que se le respeta y defiende. La Superintendencia de Seguros debe facilitar el acceso a la información del organismo y decisiones normativas y regulatorias. Servir informaciones de las aseguradoras con veracidad y transparencia, para que no queden dudas de que cumplirán sus promesas, obligaciones en los tiempos oportunos.
Un mercado que requiere una gran organización como lo es el seguro, no puede darse el lujo que las informaciones estadísticas, financieras y administrativas se sirvan cuando sus efectos o utilidad no tienen sentido, en un mercado donde los recursos que manejan son del público. ¿Cómo podemos esperar que confíen y tengan una buena actitud para con las aseguradoras?
En años pasados, tuvimos importantes quiebras de bancos y aseguradoras, y fueron muchos los clientes que quedaron estafados. Unos que no han recibido sus primas pagadas por adelantado, otros como los reaseguradores, el pago de los contratos, otros suplidores, y lo peor, aquellos que no se le han pagados sus reclamos. Y aun sufrimos un proceso en mano de la Superintendencia que hoy en día nadie sabe la situación real.
Un elemento a favor de la transparencia de la información veraz es lo global del mercado asegurador. Necesitamos de los mercados internacionales de reaseguros. Ninguna empresa aseguradora puede sostenerse sin los reaseguradores y estos también están requiriendo de normativas que obligan a los mercados a unificar las informaciones servidas. Quien no pueda ser transparente, sostenible y eficiente, no suscitará. Comencemos temprano a organizar la casa.









