[dropcap]E[/dropcap]n República Dominicana hay empresas e industrias que claramente abusan de su posición de dominio. Quedó demostrado en un estudio realizado por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia.
La industria cervecera quedó muy mal parada. Y era de esperar que se demostrara lo que todo el mundo ya sabía, que una cerveza cuesta muchísimo en nuestro país, que los precios son fijados “medalaganariamente” porque no existe nadie que “le haga sombras” y que, peor, es un secreto a voces que hay fórmulas para impulsar el consumo de las “light” para tributar menos. Nada de esto fuera posible si existiera una real competencia.
Igual pasa con los canales y estrategias de distribución en el mercado de medicamentos, donde las dificultades, quizá, vienen dadas por la competencia entre las mismas empresas. Aquí el consumidor sólo tiene que ser más inteligente.
ProCompetencia también estudió las condiciones de competencia que se dan en el sector seguros, donde también se demuestran prácticas que impiden al consumidor elegir la compañía con la que desea contratar una póliza.
Sin embargo, no se dan las mismas condiciones en el sector de los electrodomésticos. Aunque es un poco más complejo, sí se nota que la libre competencia, lo que podría llamarse un mercado perfecto (con sus observaciones) funciona en este caso. La libertad que hay para importar ha permitido mantener precios considerablemente razonables.
Los ejemplos se ven con los televisores, computadoras, licuadoras, acondicionadores de aire, planchas, equipos de sonido, accesorios de informática y otros tantos equipos eléctricos en los que sí se ve que la libre competencia, por lo menos, mantiene a raya a los insaciables comerciantes. Basta con ver los encartes en medios de comunicación y redes sociales de las principales tiendas anunciando los precios de los televisores.
Claramente se ve que no hay mucha diferencia y que la competencia es buena.






