El concepto de la “destrucción creativa” se maneja desde la década de los años 50. Es una teoría planteada por el economista Joseph Schumpeter, quien afirmaba que las innovaciones disruptivas transforman las industrias y fomentan el crecimiento. Queda claro, entonces, que la innovación y el cambio son motores fundamentales para el desarrollo económico y empresarial.
Este economista introdujo el planteamiento en su obra “Capitalismo, Socialismo y Democracia” (1942). Es aquí donde definió este concepto como un proceso por el cual las nuevas innovaciones destruyen las viejas estructuras económicas y crean otras nuevas. Esta dinámica de destrucción y creación es vista como esencial para el progreso económico y la renovación constante del capitalismo.
Es justo en este concepto en el que Raúl Féliz, el economista invitado a dictar la conferencia “Cómo convertir el crecimiento económico en desarrollo”, a propósito del IV Foro Económico elDinero, apalanca su ponencia, aprovechando eficientemente el escenario para dejar al descubierto las principales debilidades de la economía dominicana.
Con diplomacia y un poco de humor, pero con la crudeza que amerita el enfoque, lo hace desde la perspectiva del rol que desempeñan los incentivos fiscales en la economía y cómo la expansión del producto interno bruto (PIB) se ha basado en la inyección intensiva de capital. Cuestiona el pobre desempeño de la productividad.
“La continuidad del crecimiento económico de República Dominicana depende de la redirección de los incentivos hacia la innovación y un incremento de la calidad educativa con un uso eficiente de los recursos”.
Es aquí donde afirma que la continuidad del crecimiento económico de República Dominicana depende de la redirección de los incentivos hacia la innovación y un incremento de la calidad educativa con un uso eficiente de los recursos.
Advierte, con ejemplos irrefutables en la región, del riesgo de que nuestro país caiga en la “trampa de la renta media”, un fenómeno que históricamente ha frenado a otras economías emergentes de América Latina.
Destaca que, aunque el país ha mantenido un crecimiento promedio del 5.5% desde 1991, este ha estado basado en una inversión de capital masiva en sectores tradicionales y no en el aumento de la productividad. Reitera que este modelo está agotado, que a lo sumo que le quedan diez años.
Nos hacemos eco de la siguiente expresión de Féliz: “Si queremos que República Dominicana siga creciendo y alcance niveles de desarrollo comparables a los países más avanzados, debemos replantear nuestros sistemas de incentivos. Es hora de dejar atrás los sectores de baja productividad y apostar por la destrucción creativa, donde las empresas innovadoras lideren el crecimiento”.
Queda claro, entonces, que los incentivos fiscales deben dirigirse hacia sectores que promuevan la adopción de tecnologías avanzadas. Esto implica crear un entorno que facilite la entrada de empresarios innovadores y la salida de empresas que ya no generan valor.
Hay que decirlo con la crudeza que amerita: El Estado no sólo debe enfocar los incentivos hacia los sectores que realmente generen valor agregado a la economía con innovación, sino que debe limitar (o ir eliminando) aquellos que se pierden en actividades que ya deberían ser cosa del pasado.
Asumir el concepto de la “destrucción creativa” como filosofía motivadora para la innovación, pensando siempre en los beneficios colectivos, debe ser el enfoque a partir de este momento. ¡Pero ya!





