El presidente Luis Abinader ha insistido en que la deuda pública debe medirse en términos relativos, es decir, respeto al producto interno bruto (PIB), y no en cifras absolutas, argumentando que estas últimas inevitablemente crecen con el paso de los gobiernos.
Su defensa, ofrecida en LA Semanal y respaldada por datos oficiales, busca desplazar el debate de la aritmética nominal hacia una lectura más estructural de la sostenibilidad fiscal. Esa mesura, política y técnica a la vez, responde con prudencia a las críticas de la oposición: ofrece contexto sin desdeñar la gravedad de los números.
Por supuesto, y es de esperarse, el jefe de Estado echa de lado las cifras absolutas, las cuales son verdaderamente preocupantes. Los registros de la Dirección General de Crédito Público confirman que, efectivamente, la deuda pública consolidada ha aumentado en montos absolutos: de RD$51,945.3 millones en septiembre de 2020 a RD$74,894.6 millones en junio de 2025, un alza de RD$22,949.3 millones, equivalente a un 44.2%.
La deuda del sector público no financiero, el que el Presidente considera adjudicable al Gobierno, pasó de US$43,091.1 millones a US$60,954.3 millones, un incremento de US$17,863.2 millones (41.5%). La porción financiera, atribuible principalmente al Banco Central y a sus operaciones de política monetaria, también creció: de US$11,124.3 millones a US$16,173.5 millones, un aumento absoluto de US$5,049.2 millones (45.4%).
La lectura relativa no es un truco retórico: reducir el cociente deuda/PIB puede reflejar mayor crecimiento económico y, por ende, mayor capacidad de pago. Sin embargo, el aumento absoluto de la deuda constituye un dato irrebatible que afecta y expone ante choques externos.
La prudencia del Presidente al privilegiar proporciones sobre totales muestra un intento de desactivar lecturas alarmistas, pero no suple la necesidad de transparencia y de estrategias claras para contener el costo fiscal a mediano plazo. La deuda ha subido y de esto no hay duda.
Es legítimo politizar el tema; también lo es exigir rigor técnico. Acierta al contextualizar la deuda dentro del crecimiento económico, pero debe acompañar esa narrativa con políticas visibles de contención del gasto La mesura presidencial es un buen punto de partida, pero los ciudadanos merecen, además de argumentos relativos, compromisos concretos que reduzcan la vulnerabilidad fiscal derivada del aumento absoluto de la deuda.









