Las cifras recientes muestran una economía dominicana que vuelve a ganar ritmo. Tras crecer 2.1% en 2025, el IMAE acumula una expansión de 4.5% entre enero y julio de 2026, una señal favorable en un entorno internacional que sigue cargado de incertidumbre.
Pero recuperar dinamismo no es lo mismo que ampliar el potencial productivo, sobre todo cuando parte de la aceleración de este año ocurre frente a una base particularmente débil en 2025; un contexto que no resta valor a la recuperación, pero sí obliga a leerla con cautela.
El Panorama Macroeconómico de agosto proyecta 4.5% para 2026, 4.75% para 2027 y un retorno al 5% a partir de 2028, un ritmo que por años ha sido una fortaleza de la economía dominicana y que vale la pena preservar; la pregunta es, pensando en Meta RD 2036: ¿qué estamos construyendo mientras lo recuperamos?
Una economía puede crecer utilizando mejor la capacidad que ya tiene, o hacerlo mientras incorpora tecnología, mejora las habilidades de su gente y eleva productividad; ambas rutas aumentan el PIB, pero solo una amplía de manera sostenida lo que el país podrá producir mañana.
Minería y construcción han mostrado mayor dinamismo que la manufactura local, las zonas francas y la agropecuaria, mientras el crecimiento de las exportaciones ha recibido un impulso importante de los minerales, en particular, del oro. No es un dato negativo, pero sí una razón para evitar conclusiones apresuradas. Una buena tasa agregada no basta, por sí sola, para afirmar que la estructura productiva está cambiando.
Hay señales de inversión que merecen seguimiento. Las importaciones de bienes crecieron 10.6% en el primer semestre, mientras el crédito a actividades productivas y la inversión extranjera directa mantuvieron dinamismo; más que el flujo en sí, importa cuánto termina conviertiéndose en maquinaria, tecnología, nuevas capacidades empresariales y trabajadores más productivos.
Hacia 2036, podríamos dar un paso adicional y acompañar la meta de crecimiento de la economía medida por el PIB con un tablero de capacidad productiva que permita seguir, de manera consistente, la inversión, la productividad por trabajador, el empleo formal, los salarios reales, la diversificación exportadora, los encadenamientos locales y la inversión pública.
No se trataría de sumar otro ejercicio estadístico, sino de contar con una referencia común para evaluar presupuestos, incentivos y políticas de inversión a partir de una pregunta sencilla y exigente: ¿están ampliando la capacidad de crecimiento que el país podrá sostener mañana?
Volver al 5% sería una buena noticia. Llegar al 2036 exige más: que ese crecimiento vaya dejando detrás una economía más productiva, más sofisticada y con mayor capacidad para competir. No todo 5% es igual; la diferencia está en lo que logramos construir mientras crecemos.




