Se utiliza la frase “elefante blanco” para hacer referencia a algo innecesario o que tiene costos que sobrepasan el aporte que hacen por el hecho de existir. Pero me tomé el tiempo de hacer algunas búsquedas para conocer el origen de la frase, pues muchas personas la utilizan sin siquiera saber de dónde viene.
En la cultura de Tailandia se considera a los elefantes blancos animales sagrados y símbolo de poder. A los reyes generalmente les regalaban los escasos ejemplares de esta especie, pues en la medida en que se tiene mayor cantidad, se considera que es más alto su estatus.
Sin embargo, como se trata de animales sagrados, se dice que en la antigüedad, los reyes de Tailandia, cuando querían fastidiar a algún súbdito, le regalaban un elefante blanco, animal al que éste debía darle alimento especial, permitir acceso de las personas que desearan venerarlo y asumir los altos costos de mantenerlo, lo cual muchas veces provocaba la ruina económica del súbdito que se creía distinguido con tal regalo.
Por eso la expresión “elefante blanco”, tanto en castellano como en cualquier otro idioma, se atribuye a bienes que tienen un costo de manutención mucho mayor que los beneficios que pudieran aportar o que los beneficios que aportan van a manos de otros y no a sus propietarios, quienes solo cargan con las pérdidas y los problemas que ocasionan.
Esta breve explicación sobre el origen de la frase “elefante blanco” me hace llegar a la conclusión de que en República Dominicana abundan las instituciones, especialmente del Estado, con esa condición, pues su existencia representa elevadísimos costos para la colectividad y además se prestan como instrumentos de beneficios a particulares por medio de maniobras tanto ilegales como indecorosas.
Me tomaré la iniciativa de mencionar algunas instituciones y dejaré que usted como lector determine si son o no especies de “elefantes blancos” para el Estado: Corporación de Empresas Estatales (Corde), Instituto de Estabilización de Precios (Inespre), Consejo Estatal del Azúcar (CEA), Ministerio de la Juventud, Ministerio de la Mujer, Instituto Agrario Dominicano (IAD).
Pero también está la duplicidad de funciones como los casos de algunas instituciones. En otros países hay una Superintendencia de Banca y Seguros, mientras en República Dominicana tenemos una superintendencia para cada cosa.
En otras naciones hay un Ministerio de Economía y Hacienda, pero aquí, donde aparentemente sobra el dinero, hay dos ministerios, uno para cada área.
Hay países donde un solo ministerio abarca a Industria y Comercio, Turismo y Agricultura, pero los dominicanos necesitamos tres ministerios para tales especialidades. A eso se agrega el Ministerio de Medio Ambiente, que en otras naciones, con más eficiencia administrativa que esta, esa institución es una dependencia del Ministerio de Agricultura.
Hay muchos otros ejemplos de “elefantes blancos” en los que cada lector debe estar pensando en estos momentos, lo cual nos da una idea de cuán grande es el tamaño burocrático del Estado y de lo innecesarias que han sido otras nuevas instituciones como el Ministerio de Energía y Minas, que a cinco años de su creación no tiene la rectoría de una cosa ni de la otra, pero ahí está.
Me llama la atención el Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE), cuyas funciones bien pudieran ser llevadas por ProIndistria. O del Centro de Exportación e Inversión (CEI-RD), que existe junto con la Dirección de Comercio Exterior (Dicoex) a la cual se agrega un Consejo Nacional de Competitividad (CNC) y otros consejos para el desarrollo de sectores agrícolas como el café, cacao, tabaco, uva, caña y otras tantas que, sin embargo, no pasan de mantenerse estáticas en cuando a los niveles de producción y exportación anual.
Está bien que en Tailandia un rey alcance a tener dos o tres elefantes blancos. Se dice que quien más tuvo alcanzó a tener diez, pero de ahí a que exista un establo estatal de estos especímenes institucionales, es algo digno de revisión, pues el tamaño de un Estado no es sinónimo de su eficiencia, sino que, por el contrario, puede ser una muestra de profundización del subdesarrollo. Entonces, ¿ha visto usted en RD algún elefante blanco?




