Ser ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales en República Dominicana no sólo significa un honor si se ejerce con decoro, sino que implica un gran compromiso con las presentes y futuras generaciones. Nuestro país, por regalo de la naturaleza, posee una biodiversidad que constituye en sí misma una zapata fundamental para garantizar el crecimiento económico.
En materia de medio ambiente, sin embargo, República Dominicana acumula una deuda histórica que, en algún momento, obligará a hacer un mea culpa a quienes han tenido y tienen la responsabilidad moral y social de cumplir y hacer cumplir las leyes. Algún día tendremos que mirar hacia nuestros ríos ya secos o mermados y preguntarnos qué hicimos mal o que no hicimos para salvarlos.
Este es un tema que compete a todos. Debe ser importante para el ciudadano común, para el agricultor y las industrias, pues todos son usuarios de los recursos naturales. De alguna forma, aunque admitirlo resulte pesado, la economía ni la vida son posibles sin un entorno sano, cuidado responsablemente.
Para no ser tan categórico, quizá hay tres grandes retos en materia medioambiental: la contaminación por desechos sólidos vertidos en nuestros ríos y demás fuentes acuíferas, incluyendo las playas; la deforestación con la complicidad irresponsable de algunas de nuestras autoridades y, no menos importante, la integración de una materia sobre educación y medio ambiente en el currículo escolar.
No es un secreto que la educación facilita, incluso, el cumplimiento de las leyes, tanto para quienes tienen la obligación por delegación, como los ciudadanos comunes que incumplen porque no hay un régimen de consecuencia efectivo.
Las nuevas autoridades, encabezadas por el ministro Orlando Jorge Mera, seguro han palpado de primera mano los temas pendientes que tenemos como país. Y parece que sí, que lo saben. Según contó a elDinero, la nueva gestión está consciente de la importancia transversal del medio ambiente. Desde el sector turismo, que vende nuestras bellezas y biodiversidad, incluidos los ríos, playas, montañas, valles, lagos y animales salvajes, hasta la industria nacional, porque la materia prima que surge de la naturaleza misma, requieren de un medio ambiente sano.
La deuda histórica, tal vez, está más relacionada con la inobservancia de las leyes y con la no aplicación de un régimen de consecuencia efectivo. Ahora resta tener la esperanza de que prime el interés común, es decir, el cuidado del medio ambiente cuando se trate de tomar una decisión.
Auguramos éxitos a las nuevas autoridades de Medio Ambiente, ya que su éxito es el de todos.







