[dropcap]E[/dropcap]n noviembre de 2014, durante el acto de graduación de los bachilleres del Colegio San Martín de Porres, tuve la honra de pronunciar el discurso de agradecimiento en nombre de los padres de los graduandos, en una ceremonia donde, además de mi hija Sofía, se hicieron bachilleres los hijos de varios colegas periodistas que también estudiaron en ese colegio. Decidí titular mi discurso como “Las puertas de la vida”.
Posteriormente, en abril de este año, tuve la incomparable oportunidad de presenciar el acto de graduación de la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) en el que mi primer hijo Bernardo se graduó de Ingeniero Industrial.
En ese acto de graduación participó como orador el ministro de Relaciones Exteriores, arquitecto Andrés Navarro. En una parte de su discurso el canciller Navarro hizo referencia a que la graduación de un hijo es también la graduación para sus padres, porque sienten que han cumplido con una gratificante responsabilidad y alcanzado el logro de ver en su investidura como profesional el fruto de su esfuerzo.
Pero no hay dudas de que en cada paso académico que realizan los seres humanos se abren puertas para sus vidas, no solo en materia académica, sino también de las experiencias y satisfacciones personales que todo ello implica.
Se abren puertas para los que no saben leer y escribir y logran alfabetizarse. Se abre la puerta hacia la universidad de aquel que concluye el bachillerato, pues es el requisito para poder estudiar una carrera de educación superior.
Se abre también la puerta hacia el mercado laboral y el crecimiento económico, social y profesional para aquel que logra concluir su carrera universitaria y graduarse de ingeniero, licenciado o doctor en cualquier disciplina científica, técnica o teórica.
Esas puertas tienen un valor no cuantificable que muchos intentan achicar cuando tratan de justificar la razón por la cual no han terminado su carrera universitaria.
No se dan cuenta de que, por ejemplo, en materia política, si bien es necesario hacer campaña, participar de las caravanas, pegar afiches y buscar votos para su candidato, esa gran labor no bastará para conseguir un puesto en el Estado si no tiene previamente un título universitario de cualquier carrera, pues de lo contrario podría conseguir un cargo de bajo nivel, no como usted pensaba que podría ser por el hecho de haber trabajado tanto en la campaña.
Pero están los casos del sector privado, en donde el requisito de ser graduado universitario es casi siempre imprescindible para conseguir un ascenso, para cambiar de nivel en el paso de técnico a supervisor y de supervisor a encargado y de encargado a gerente y de gerente a director y de director a vicepresidente…
Es claro que no basta con graduarse en la universidad y quedarse ahí. Se precisa hacer maestría, aprender idiomas, cursar un doctorado o cualquier especialidad adicional. Sin embargo, cada una de esas especialidades también tiene como requisito previo la obtención del primer título universitario.
A los estudiantes siempre les exhorto a que no vayan a la universidad a perder su tiempo, a echarse seis, siete y ocho años en una carrera que, con esfuerzo y dedicación, pueden terminar en cuatro años. Que no incurran en el grave error de completar el pensum y luego dejar pendiente la tesis o el monográfico, con la gravedad de que si dejan pasar varios años, al momento de retomar los estudios la universidad les obliga a cursar nuevamente una cantidad de materias que ya usted había cursado; o lo que es peor, que le invaliden los estudios realizados por exceso de años retirado.
Las limitaciones económicas, falta de tiempo, necesidad de trabajar y otros obstáculos no deben ser motivo para dejar los estudios. La juventud es la mejor época para sacrificarse, para esforzarse, para luchar, pues es cuando se tienen las energías para hacerlo.
Entonces, jóvenes dominicanos, aún con los sacrificios que ello implica, no dejen por mitad sus estudios de bachillerato, ni tampoco sus estudios universitarios. Terminen lo que han comenzado y asegúrense de terminarlo bien.
Son las puertas de la vida que deben abrir para dar los siguientes pasos.











