Con una camisa mangas largas, una gorra y un machete, Fulgencia Torres Santos busca el sustento de su familia. Es evidente el orgullo que tiene por lo que ha logrado con su esfuerzo y dedicación.
Su instinto materno fue el que dio paso a que en la actualidad sea una reconocida productora de cerezas. “No dejaré a mis hijos morir de hambre”, recuerda que le comentó a su esposo, luego de recibir una invitación para recolectar el fruto.
Era empleada doméstica, pero se había quedado sin empleo. “Estaba pasando mucho trabajo y calamidades, no tenía trabajo ni mi esposo tampoco”. Aunque no lo creía factible y ante la negativa de su pareja, la necesidad superó sus dudas y aceptó la propuesta. “Fui un día a las 5:00 de la mañana donde la señora. Me acuerdo que fue domingo. No dejé dormir a mi esposo”, rememora.
“Yo voy, yo voy”, le repitió varias veces esa noche. Ese día recogió cuatro cubetas y se ganó RD$200. Los productores las pagan a RD$50. Casi 15 años después, cuenta con más de 500 matitas del fruto, las cuales fue sembrando poco a poco, “con el sudor de su frente y sus manos”. Ahora ella es quien proporciona un espacio para que otras personas consigan ingresos. Luego de durar una semana yendo sola, su esposo se animó y la acompañó.
“A donde pises, yo piso”, le dijo. “Recogíamos 10 y 15 cubetas, venía con mi dinero en los bolsillos, eso sí, llena de lodo hasta la cabeza, pero con mi dinero”. Asegura que las personas se burlaban de ella por su trabajo. Sin embargo, le hacía caso omiso y seguía adelante con el objetivo de mantener a su familia y suplir sus necesidades.
Su tenacidad, trabajo y esfuerzo le han permitido tener una producción constante del fruto, lo que permitió ganar el primer lugar en la categoría Microempresa Agropecuaria, del Premio Citi en 2019. Gracias a este reconocimiento, entendió el valor de “no poner los huevos en una sola canasta”, con los recursos que recibió inició un nuevo proyecto: un colmado, el cual es administrado por uno de sus hijos.
Además de estos dos negocios, es socia en la producción de miel y está sembrando limones y aguacate para vender como las cerezas. “Nunca puedes estar atada a un solo empleo, debes tener opciones, porque si te va mal con uno, tienes rejuego con el otro”.
“Sea mucho o poco, siempre vale la pena luchar por lo de uno”.
Proyecto
Aprovechó la oportunidad de la recolección de las cerezas para aprender sobre cómo se cultivaban. Experimentó en su casa con las plantas que se marchitaban y que las personas pisaban.
“Todas esas matitas que estaban marchitas por el abono, herbicidas y que las pisaban, las recogía y las echaba en un termo”, para luego sembrarlas. Cuando vio que estaban creciendo, les preguntó a sus compañeros por qué era necesario podarlas, echarle abono, cómo usar los herbicidas, entre otras dudas que le surgían en el proceso. Su curiosidad se despertó, pero no tenía planes de iniciar un negocio.
A pesar de eso, sabía que tenía una oportunidad que debía aprovechar. “De aquí voy a sacar algo, no sé qué, pero voy a sacar algo”, se dijo. Al momento de ver que sus plantas estaban grandes, sacó RD$1,000 para comprar abono, fertilizante y herbicida.
A pesar de que estaba interesada en aprender más sobre el cultivo, su esposo no estaba de acuerdo. “¿Puedo coger RD$1,000 para la cereza?”, preguntó a quien era el encargado. Su respuesta fue positiva y esto la motivó para iniciar su proyecto.
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“Mal contado conseguí más RD$5,000 de esos RD$1,000. Después fue creciendo el proyecto y cogí RD$2,500 para abonar, fumigarlas y seguir trabajando”. Sus manos son parte esencial de su trabajo, ya que se encarga de limpiarlas, podarlas y echarles el herbicida. “Ahora, para limpiar las cerezas, tengo que buscar casi RD$30,000, aparte de que yo las podo, que si lo pago me quitarían unos RD$15,000”.
Explica que utiliza productos orgánicos para la producción de las cerezas y que las fumigan periódicamente para mantener su calidad. Nunca pensó que podría convertirse en una empresaria y ayudar a su comunidad. Actualmente, cuentan con alrededor de 15 personas de la comunidad que van a recoger las cerezas y les paga RD$100 por cubeta más la comida, agua y “su cafecito para que las recojan con amor”.
Las cerezas son vendidas en el Mercado Nuevo por un intermediario. “Viene un señor todas las tardes a buscarlas, un día sí y uno no, dependiendo de cómo esté la cosecha, porque hay ocasiones que debe recogerlas todos los días”.
Financiamiento
Entendió que su negocio podría seguir creciendo, pero para esto necesitaba un apoyo económico. Aunque en principio no fue tan rápido, la evolución de su proyecto hizo que el banco fuera a su puerta para hacerle una propuesta.
Le pedía orientación a sus vecinos que habían adquirido un préstamo. “Mira, quiero que me ayuden a ir a los bancos, necesito ir al banco, porque quiero que me conozcan”. Recuerda que su interés no era porque en ese momento necesitara el dinero.
Para ella era importante contar con el respaldo financiero, ya que sabía que tenía todas las posibilidades de crecer y ser exitosa. La oportunidad llegó y no la desaprovechó. Sólo pidió RD$6,000 prestados, monto que su garante le reclamó.
“Puedes coger más, tienes la capacidad”, le comentó. Sin embargo, Torres Santos entendía que no tenía la posibilidad para pedir más. “No necesito dinero, necesito una puerta abierta para cuando la necesite de verdad”, fue su respuesta. “Cuando fuimos a retirar el dinero comenzó a pelear, pero la muchacha le dijo ‘ella sabe lo que quiere’”, rememora entre risas, ya que asegura que realmente no sabía qué quería. A través del tiempo ha aumentado los montos que toma prestados para su negocio.
Dentro de sus planes está adquirir una camioneta para salir a vender junto con su familia. “Si tengo una guagua, voy y llevo mis productos y los vendo”, asegura. Lograr adquirir el vehículo le permitirá conocer más el mercado y ver cómo varían los precios.
Representa una oportunidad para desarrollar estrategias de mercadeo que le servirán para posicionar su producto dentro del mercado. “Si voy veo los clientes y si me compran varias cubetas les puedo regalar media o les doy una para que se ayuden”.
Naturaleza
Entiende la importancia y la necesidad de cuidar el medioambiente. “Cuando la madre naturaleza está enojada manda muchas plagas y la cereza no se da”. Torres Santos siempre les demuestra su amor a sus plantas. “Le hablo y le digo que las voy a cuidar con mucha paciencia”.
Asegura que este trato es parte de su éxito, ya que luego de tratarlas “crecen, cambian las hojas, se pueden ver diferentes”.
Empoderamiento
Para Fulgencia, la mujer tiene la misma capacidad de hacer el trabajo agrícola que un hombre. “No tiene la misma forma de hacer las cosas, pero las puede hacer”. Recomienda aprender un oficio y no tenerle miedo a emprender. Resalta la importancia de que las féminas ahorren.
“Si tu esposo te da RD$50, guarda RD$5”, porque de lo que “guardes diario puedes hacer un castillo en tu casa, siempre y cuando lo sepa manejar”. Mientras trabajaba en San Isidro, decidió retornar a su casa y emprender vendiendo yaniqueques. Aunque sintió vergüenza, siguió adelante, lo importante era que “sus hijos no pasaran hambre”. Esa experiencia le dejó una lección: “pidan prestado y paguen”.
“Llegué a vender 50 libras de harina semanal, eso sí que era tarde y mañana, no tenía descanso. Cuando no vendía, mi esposo me buscaba aguacate y cogía mi ponchera y me iba a vender aguacate, y ya mira por dónde voy”. Sin importar la tarea que le toque realizar, exhorta hacerla con dedicación. “Si tu trabajo es fregar, hazlo con amor, que de lo demás se encargará Dios, ya sea de darte otro empleo mejor o algo bueno”.
Aunque hoy disfruta del éxito de su trabajo con la producción de cereza, esta mujer emprendedora ha desarrollado otros proyectos que le permitían llevar el pan a su hogar. “Vendía yaniqueque, aguacates, dulces… de todo”. Destaca la importancia de mostrarles a los hijos el valor del trabajo.
“Hay que enseñarles valores y amor propio”. “Si te hace daño la cereza, también te hace daño el dinero”, le dijo a uno de sus hijos. Señala que esta fue la forma cómo comenzó a educarlos y motivarlos a ayudarla con el trabajo, que se ha convertido en su sustento.













