Ahorrar depende de diversos factores: de la posibilidad que tiene un individuo de separar una parte de sus ingresos corrientes para utilizarlos en el futuro, de la educación o disciplina financiera que tenga y de sus planes de realizar posibles inversiones en proyectos que habrán de generar utilidades. Sin embargo, cualquier ahorro no puede poner en riesgo la certidumbre económica ni atentar contra la calidad de vida.
Un análisis del ahorro per cápita por provincia, datos que están disponibles en la Superintendencia de Bancos, establece que República Dominicana tiene un gran reto con miras a mejorar la capacidad de ahorro de los ciudadanos y las familias. En todo caso, hay un problema de fondo que debe superarse: el ingreso. Luego hay que trabajar la parte educativa, esa que ayuda a crear conciencia respecto a la importancia de ahorrar.
Los datos son más preocupantes cuando se nota que hay una altísima concentración de la capacidad de ahorro en las principales provincias y el Distrito Nacional, lo que evidencia la mala distribución del ingreso en la economía dominicana. Tomar en cuenta, al mismo tiempo, que el hecho de que el promedio per cápita sea alto en algunas provincias, no significa que la desigualdad no esté presente. Es de orden señalar que en esas demarcaciones funcionan las empresas más productivas del país, lo que les genera ahorros. Al distribuir esa cartera entre la población, entonces puede haber un problema común con los promedios: los extremos afectan los resultados.
Otro detalle que llama la atención es que de las diez provincias que lideran la tabla por ser las que menor capacidad de ahorro per cápita presentan, ocho están en la región Sur. Esto, por supuesto, también debe llamarnos a reflexión sobre cuáles han sido los resultados del crecimiento económico experimentado durante los últimos 30 años.
Los dominicanos de esta parte del país, a juzgar por los resultados, no han tenido la misma suerte que los que residen en otras zonas. La capacidad de ahorro es fundamental para garantizar un futuro de certidumbre en cualquier sociedad. Los gobiernos, a través de los diversos mecanismos de influencia que poseen, están en la obligación de impulsar una cultura del ahorro, pero también, ante que todo, promover un mercado laboral y productivo capaz de ofrecer condiciones de interacción económica en igualdad de condiciones.
Si bien hay una parte importante de la población que no ha asumido con responsabilidad su compromiso con su futuro, la mayoría no puede ahorrar por falta de capacidad para hacerlo. Garantizar accesos a fuentes de trabajo bien remuneradas, en condiciones favorables para la productividad, también es un imperativo de quienes están al frente del Estado. Las estadísticas están ahí, sólo hay que analizarlas y tomar decisiones a partir de los resultados.
Otro aspecto a tomar en cuenta es que las tasas de interés, es decir, el costo del dinero prestado, también son más altas en aquellas comunidades donde hay más pobreza. Si bien el riesgo es una variable a analizar, también lo es la falta de oportunidades para quienes buscan materializar un emprendimiento a través de un financiamiento. Cambiar esta realidad es un compromiso que debe surgir de quienes tiene la capacidad de tomar decisiones.





