La inflación es un fenómeno económico global en estos momentos. Todos los gobiernos tienen como principal reto ponerle freno a este desajuste de la economía, ya que afecta a la población, principalmente a los que tienen menor poder de compra. Si suben los precios habrá menos “dinero real” en los bolsillos de la gente. El salario nominal podrá seguir siendo el mismo, pero con menos poder para adquirir los bienes y servicios fundamentales para vivir mínimamente decente.
Se ha repetido (hasta la saciedad) que la inflación que ataca al mundo se debe, principalmente, al proceso de recuperación de la economía, ya que genera una demanda que el mercado, por diversas razones, no está en capacidad de suplir. Esto hace que suba la cotización del petróleo y todos sus derivados, encadenando el costo de los fletes y todo lo demás.
¿A quién preocupa más este fenómeno? ¿Qué pensarán los hacedores de política monetaria en todo el mundo, en especial los que deben hacerlo en economías en desarrollo como República Dominicana? ¿Es suficiente con subir la tasa de interés? ¿Cómo se puede aislar, y no sólo estadísticamente, el componente importado de la inflación que afecta a toda la economía? ¿Cómo afecta a los más pobres? Son muchas preguntas.
Si se inicia por los que menos pueden, entonces es preciso admitir que hay dos frentes abiertos: la comida y el transporte. Son dos actividades fundamentales de las que nadie puede prescindir. Pudiéramos agregar salud y educación, pues estos servicios también reciben el impacto del encadenamiento de la economía. Los que menos pueden, como siempre, les resulta más pesada la carga.
¿Y qué decir de la clase socioeconómica que tiene su “colchoncito” (los que sí pueden) para aguantar la crisis de precios? En este nivel están los que producen y, como es lógico, transfieren costos. El sistema capitalista no asume sacrificios, pues es una tarea que compete a los gobiernos. Como se ve, la inflación es un macroproblema del que nadie sale ileso en estos meses. Todo indica que será un fenómeno que habrá que enfrentar durante muchos meses.
Internamente, los gobiernos pueden aplicar medidas paliativas, en adición a la política monetaria, como es el subsidio focalizado o impulsar el cultivo de productos de ciclo corto, a fin de evitar un estallido social que desestabilice todo el sistema económico. Lo que más molesta a la población es no poder comer, ya sea por inflación porque no halle qué comprar.
En un contexto real, la inflación preocupa tanto no sólo porque los gobiernos saben que puede desestabilizar la sociedad. Y lo peor: los que más tienen son los que pierden más en medio de una crisis social. Pero peor sucede cuando un país pierde la principal variable para atraer inversión: confianza.
En tiempos de crisis de precios es necesario jugar con una combinación de factores para amainar el efecto de la inflación. Es obligatorio poner en el terreno la política monetaria a interactuar con la política fiscal, pero al mismo tiempo echar a andar la rueda de las ayudas, tanto directas (a la población) como indirecta, en este caso a quienes producen a través de recursos frescos para que produzcan comida lo más rápido posible.






