En los tiempos en que gobernaba Joaquín Balaguer era común ver proyectos habitacionales para reubicar a familias desplazadas por cualquier obra que estuviera ejecutando el Estado.
Hoy la fórmula es diferente. Las autoridades prefieren expropiar y pagar “a precio de mercado” las propiedades y que de ahí en adelante que las familias se la “bandeen como puedan”, lo que en cierto modo implica un desarraigo de su zona y lo que implica, incluso, para la educación de los hijos.
Con la extensión del Metro de Santo Domingo (Línea 2C) pudo aprovecharse para construir edificios en las zonas desalojadas, organizar mejor esas áreas, darle un techo a las familias, ahorrar dinero en pagos a “precios de mercado” y, de paso, embellecer la entrada a la capital desde el Cibao. Podría ser mejor la vista si al entrar a la ciudad se ven edificios y no casuchas desorganizadas.





