El titular asusta hasta al más prevenido y atento de los mortales: Aduanas detiene contrabando millonario de armas de guerra, municiones y artefactos explosivos. Y nos surgen algunas preguntas: ¿Para qué serían estas armas de guerra? ¿Con qué propósito alguien importa en este país artefactos explosivos de alto calibre, incluyendo para detonaciones a gran escala? ¿Quiénes las enviaron y quiénes las recibirían? ¿Cómo es que salen estas armas de otros puertos con mejor capacidad de fiscalización que República Dominicana? ¿Era nuestro país el destino final o irían a Haití?
El otro caso que nos llama la atención es el de la clonación o robo con las tarjetas del programa Supérate, cuyo monto podría superar los RD$100 millones. Señores, no estamos hablando de uno o dos millones de pesos. En un lenguaje deportivo diríamos que esto es de Grandes Ligas.
Ha de suponerse que estos ladrones, que por lo visto también carecen de mucha inteligencia, ya que ponerse a realizar miles de transacciones de noche en un solo colmado resulta sospechoso de por sí y dispararía las alarmas, deben tener algún contacto dentro. Nadie se arriesga por nada. Estamos hablando de operaciones que resultan sospechosas porque sí.
LaS autoridades de Aduanas, haciendo referencia al contrabando de armas y otros artefactos de guerra, supongo que tendrán todos los recursos disponibles para no sólo detectar a quienes serían los responsables de este hecho, sino de entender que esto merece una investigación más profunda. ¿Por qué? Estos contrabandos han sido detectados a sólo días o semana de haberse instalado un moderno sistema de detección vía rayos X, lo que sin duda es un indicativo de que esos envíos de contrabando y peligrosos ya venían en camino. ¿Hay cómplices de adentro? ¿Cambiarán la ruta por donde no haya algún equipo de estos para detectar cargamentos ilegales? ¿Cuántos más habrían pasado?
En estos dos casos bajo análisis, como en otros, hay una variable común: corrupción. Para que sucedan estos casos deben combinarse un corrupto y un corruptor. Nada se da por casualidad. Esto también nos indica que el flagelo de la corrupción, lejos de desaparecer de la cotidianidad del quehacer público y privado, está más enraizada.
El presidente Luis Abinader ha dicho con mucha claridad que “quien se robe un chele en su gobierno irá preso”. La frase parece que la dijo en medio de un estado de impotencia, según se pudo observar en el lenguaje no verbal, pero también podría interpretarse como una actitud de decisión de Estado (o por lo menos de su gestión personal).
¿Cuál es más peligroso de estos dos casos? A mi entender creo que ambos son tan peligrosos como el que más. Robarles dinero a pobres ciudadanos que reciben algo del Estado para alimentarse es un crimen de lesa humanidad. Además, es un delito doble porque también hay un robo al Estado.
En el caso de las armas de guerra el peligro viene porque quienes las importan no lo hacen para hacer obras de caridad. Las armas matan, tan simple como eso. Lo grave es que estos son casos para saber los culpables es necesario darles seguimiento muy de cerca y eso aquí no se practica.


