Doña Ángela Pereyra tiene 88 años, pero su avanzada edad no le impide demostrar lo más sublime que puede sentir una madre por un hijo: amor.
En su situación hay una variable extra: pobreza extrema. Y hay más: su hijo de poco más de 50 años está postrado en una cama desde hace más de 12 años producto de una trombosis que lo dejó inmóvil y, además, ciego.
Su realidad es un motivo que le hace renovar cada día el significado de la palabra abnegación.
Es evidente que la vida no ha tratado bien a doña Ángela. Es longeva, por supuesto, lo cual es una bendición, pero sus años no han sido los más felices. Tuvo que enfrentar dificultades desde muy joven, con un esposo que no fue todo lo que ella pensó.
Se convirtió en luchadora por obligación para enfrentar los desafíos que la vida le fue colocando en el camino.
Su situación es dura. Sus hijos están enfermos y ninguno puede valerse por sí mismo. Uno de ellos, el que tiene más de 12 años postrados, necesita de cuidado las 24 horas, pues toda su vida la pasa en una cama. No se puede mover.
Al conocer su historia, que por supuesto no se puede contar toda en un solo reportaje, surgen diversas preguntas: ¿Por qué sucede esto a un ser humano como ella que sólo sabe dar amor? ¿Hay algún responsable de su desdicha? ¿Por qué la sociedad ha hecho tan poco por ella y sus hijos? ¿Tuvo oportunidades de formar su familia y llevarla por un mejor destino? ¿Por qué el Estado no ha sido capaz de evitar que sus ciudadanos caigan en una situación de indefensión que raya lo inhumano? ¿Qué se puede hacer ahora? ¿Por qué tanta desigualdad en una economía que crece en promedio 5% todos los años? ¿Dónde ha estado el fallo del crecimiento económico de República Dominicana? ¿Cuáles son los efectos reales de los programas sociales que han implementado los gobiernos durante los últimos 30 años? ¿Por qué la indiferencia de la sociedad ante estos casos tan tristes? ¿Qué se pudo hacer para evitarlo? Son muchas preguntas.
Lo que sí deja muy claro este caso particular es que el crecimiento económico que ha experimentado República Dominicana ha sido desigual y, por lo tanto, no se ha expresado en un verdadero desarrollo humano. Es una tarea pendiente desde hace muchos años que tiene el país.
Fenómenos o flagelos como la corrupción, la falta de educación y la desidia de quienes han tenido la capacidad de tomar decisiones, entre otras variables, deben ser enfrentados con voluntad política.
Apostemos.





