La alimentación es la principal de todas las necesidades humanas, pues sin ella no es posible su supervivencia. Sin embargo, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hasta un 40% de la producción agrícola mundial se pierde por causa de las plagas que afectan a los diferentes cultivos. Es por eso que los agroquímicos son sustancias que favorecen la producción agrícola, ya que se utilizan para prevenir el deterioro de los cultivos por insectos, infestaciones de plagas y enfermedades.
La pandemia y las tensiones geopolíticas han suscitado preocupaciones, ya que el costo de los fletes se elevó a niveles que quintuplicaban sus niveles prepandemia, lo cual encareció los costos de importación lo que se traduce en el aumento de los precios de los alimentos.
República Dominicana depende de las importaciones de materia prima para la elaboración de fitosanitarios, en vista de que el país no cuenta con minas o yacimientos de nitrógeno, potasio y fósforo. Estos tres elementos componen en diferentes proporciones la mayoría de los fertilizantes.
De hecho, el arroz cuyo consumo estimado por año es de 15,222,663 toneladas, según el Ministerio de Agricultura, necesita de fitosanitarios para su buen desarrollo y productividad. Por ejemplo, el productor Alfredo Placencio declara que el arroz jaragua, cuyo ciclo es unos cuatro meses hasta su corte, necesita de por lo menos cinco abonados durante su proceso de crecimiento.
Placencio añade que para producir el rubro antes de la pandemia destinaban RD$7,500 por tarea. Sin embargo, señala por el momento no es capaz de calcular cuánto deben gastar, debido a que el precio de los agroquímicos se ha disparado. “Antes un saco de sulfato o triple 15 costaba unos RD$450 o RD$600, ahora está a RD$2,500”, comunica.
Del mismo modo, otros agricultores consultados por elDinero indican que estos productos representan hasta el 35% del costo total para su producción, lo que significa que el aumento de precio de los agroquímicos impacta directamente con el precio del rubro.
Mercado
El director ejecutivo de la Asociación de Fabricantes, Representantes e Importadores de Productos para la Protección de Cultivos (AFIPA), Manuel Núñez, expresa que el mercado dominicano de plaguicidas se ha diversificado en las últimas décadas. “Hoy en día existen decenas de importadores que distribuyen fitosanitarios y otras soluciones tecnológicas (productos de nutrición vegetal, maquinarias, equipos, semillas y asesoría técnica) para el mercado nacional de productores agrícolas”, asegura.
Núñez señala que esto ha llevado a que el mercado doméstico de plaguicidas sea uno de los más competitivos, favoreciendo así a productores, agroindustrias y consumidores. Lo ha implicado que el país se haya convertido en un “operador comercial relevante” de cara al Caribe insular.
De acuerdo con la Dirección General de Aduanas (DGA), el valor FOB de las importaciones de plaguicidas ascendió a US$135.5 millones en 2022. De acuerdo a la misma fuente, las reexportaciones sumaron para el mismo período US$12.5 millones.
El vicepresidente de ventas de Fertilizantes Santo Domingo (Fersan), Fernando Viyella, revela que 10 de las empresas suplidoras que dominan el mercado dominicano, siete son chinas, dos estadounidenses y una de origen alemán. En ese sentido, detalla que Estados Unidos y Europa se han mantenido a flote, a pesar de la incidencia del país asiático, gracias al impacto de sus investigaciones, al tiempo que indica que exportan hasta un 40% de su producción hacia Haití y las Antillas Menores.
¿Amigables con el medio ambiente?
Con la conciencia sobre el impacto de los agroquímicos en la salud de los humanos, el país ha adoptado medidas que promuevan el compromiso permanente con las buenas prácticas agrícolas y la sostenibilidad de los ecosistemas. En ese eje, el entomólogo, Fernando Díaz, explica que la tendencia de las compañías fabricantes es buscar la manera de brindar seguridad y bienestar al medio ambiente.
“Hay un producto llamado mavrik que sirve para eliminar la varroa que es la principal plaga que ataca a las abejas. Las colmenas tiene unos pelitos, entonces los agricultores ponen el producto y cuando ellas pasan se desparasitan”, expresa.
Núñez, refiere que los plaguicidas sintéticos son objeto de estudio científico en biotoxicidad y ecotoxicidad como parte de los requerimientos establecidos en los países desarrollados para poder autorizar la fabricación y uso de las moléculas plaguicidas con acción biosida y sus presentaciones comerciales de uso agrícola. “En realidad, el impacto negativo del uso de plaguicidas sintéticos se encuentra asociado con su uso y manejo inadecuado.”, expone.
A su vez, señala que la mayor parte de estos estudios están orientados a evaluar los riesgos contra la salud humana, animal y vegetal de forma que los plaguicidas sintéticos son introducidos a los mercados globales luego de superar exigentes niveles de evaluación regulación destinados a garantizar los aspectos ya indicados.













