Muchas críticas han llamado el programa Borgen como el mejor drama político que se puede ver en la televisión. Ciertamente, luego de haber concluido la serie, este servidor no puede dejar de estar impresionado por su calidad, así como las múltiples lecciones que nos deja.
Borgen es un programa de ficción, pero basado en la democracia parlamentaria de Dinamarca, en el cual la Primera Ministra es la cabeza del partido que logra forjar alianzas entre varios partidos luego de un proceso eleccionario. La referencia a “Borgen” se refiere al palacio del parlamento donde, y al igual que la referencia al Palacio Nacional dominicano, es sinónimo de poder.
Pero Borgen es mucho más que una serie sobre intriga política, pues también se centra mucho en el rol de las comunicaciones, la percepción de la política y las difíciles decisiones que se deben tomar como participante, tanto en los medios de comunicación como en la política. De hecho, no deja de ser una de las lecciones más importantes de la trama de la serie donde la comunicación es casi tan importante como la política en sí.
La protagonista de la serie es Birgitte Nyborg, una mujer de mucha inteligencia, carisma y sentido político, que inesperadamente logra convertirse en la primera fémina en alcanzar el puesto de primer ministra de Dinamarca. Pero Birgitte no la tiene fácil, pues para triunfar en la política tiene que, en muchos casos, “doblar” sus principios y hasta sacrificar su matrimonio en procura de lograr el éxito en la política.
Aunque es una serie de política, no deja de ser un reflejo real sobre lo difícil que es alcanzar éxitos profesionales en cualquier parte del mundo o carrera que se ocupe, pues en todos hay que sacrificar para poder progresar. Pero a Birgitte le cuesta muy caro traicionar sus principios, algo que también puede ser una lección para nuestros políticos, y para nosotros mismos.
Un aspecto interesante de la democracia danesa es que la vasta mayoría de los servidores públicos en los ministerios y otras entidades del estado, muchos de los cuales tienen papeles secundarios importantes en la trama, son de carrera y no cambian con la entrada o salida de un ministro en particular. De hecho, en un momento, un servidor público le dice al otro que esta es la “joya” del sistema danés, que pueden servir a un ministro de ultraderecha un día y de ultraizquierda a la próxima, con la misma eficacia y apego a la ley.
Igualmente, aunque los medios de comunicación reciben también un trato bastante benévolo en la serie, no dejan de ser “culpables” de sentir las presiones y exigencias tanto del mercado (ratings) como de la política (no van a ir los invitados si no los tratan bien). Es una forma realista también de percibir la relación entre poderes fácticos como los medios y el político.
Borgen es una tremenda serie para los amantes de la política, pero también es una serie de corte humano muy real. No se presta a sensacionalismo y a estrambóticas tramas, sino que se centra en aspectos cotidianos y en cómo los mismos pueden provocar grandes crisis. Altamente recomendada. Si no la han visto, está disponible en Netflix.





