La banca dominicana es saludable. Estamos seguros de que contamos con un sistema de intermediación financiera que ha sabido jugar un papel preponderante en el desarrollo económico y social del país. Quizá no se han logrado todas las metas, porque la economía depende de una combinación de actores, pero este sector ha sido vital en la expansión económica de República Dominicana de los últimos cien años. Podríamos decir que ha contribuido con el ascenso social de una gran parte de los dominicanos a través del crédito.
Es justamente a través del crédito que la banca se deja sentir en los sectores productivos. Financia a las personas y a los hogares, pero de manera especial a aquellos segmentos que generan valor agregado en la economía.
La banca también ha sido históricamente prudente, sin dejar de lado los episodios de desenfreno en que cayeron algunos actores del sector cuando los ojos fiscalizadores del Estado no tenían la capacidad que hoy sí pueden exhibir, además de las normas prudenciales que deben seguir.
¿Por qué podemos decir que el dominicano es buena paga? Esto no sólo se debe a que los bancos aplican muy bien el “due diligence” al analizar a los receptores de crédito, se trata, más bien, de que los dominicanos cuidan su historial, por lo menos los que acceden al crédito formal, que es el más competitivo y productivo.
La morosidad está por debajo del 2% en el sistema financiero dominicano y esto es, con toda seguridad, una demostración de la combinación de variables, tales como el análisis de crédito, la actitud de “buena paga” de los dominicanos y de una economía con indicadores macroeconómicos que dan certidumbre al mercado. Por más buenas intenciones que tenga un deudor de pagar, en medio de un proceso inflacionario descomunal se le haría muy difícil quedar bien. Puede asegurarlo.
La preocupación, sin embargo, está del lado de quienes no están en el mercado financiero formal y que acuden a los prestamistas del “módico 20”. Aquí está, posiblemente, la mitad de la población que aún no accede al crédito formal por la razón que sea. Hay tareas pendientes en esta materia. Ya sabemos que el dominicano es “buena paga”, pero podría ser mejor y sacarle más provecho a su actitud responsable de honrar el crédito. Las instituciones de intermediación financiera y las autoridades del sector, tanto el Banco Central como la Superintendencia de Bancos, entre otros actores relevantes como el Ministerio de Educación, deberían impulsar la cultura de la formalización bancaria a través de las escuelas.
Esto no sólo se traduciría en una mejor salud financiera para la población en sentido general, porque tendrían conocimientos básicos de finanzas, sino que la banca podría tener un camino más cómodo para llegar hasta esa gran población que no accede a la banca formal. El crédito informal es costoso, riesgoso y afecta el desarrollo de las personas. En cambio, cuando una economía promueve un sistema financiero formal, se nota porque se nota.











