Desde hace poco más de cuatro años me encuentro trabajando en una empresa de comunicación estratégica. Uno de los trabajos que hago involucra estar al tanto de las entidades del sistema financiero (llámese bancos comerciales, bancos múltiples, asociaciones de ahorros y préstamos, puestos de bolsa, administradoras de fondos de inversión, reguladores y autoridades monetarias, fintech y otros), pero desde los medios.
Me explico, yo veo, capturo información, analizo y encima comparo qué está pasando con ellas, entre ellas y en sus subsectores. Qué dicen, cómo lo dicen, quién lo dice, en qué tono lo dice y por dónde (televisión, impresos, digitales, radio). Es un ejercicio sumamente interesante y me llena de mucha información.
En este mismo ejercicio, veo quiénes están mejor valorados, quiénes tienen más espacio o cuáles informaciones llegan a los diferentes medios; también cómo las tratan.
Tras el impacto por el covid-19, se dispararon las innovaciones tecnológicas y las fintechs (tecnologías aplicadas a los servicios financieros) crecieron a doble paso. Pasó lo que a los jóvenes nos gusta, menos filas y sucursales: más ‘apps’ y más opciones dentro de “netbanking”. Todo esto, que naturalmente iba a pasar, se adelantó hasta traernos el primer neobanco y las cuentas digitales.
Estas actualizaciones han dado al país reconocimiento regional en cuanto a innovación digital, y no lo digo yo, lo dice la gente, lo dice la Asociación de Bancos Múltiples (ABA), lo dice el ranking digital de la Superintendencia de Bancos (SB), el informe de usuarios digitales del Banco Central (BCRD), los reconocimientos a nuestros bancos dentro y fuera del país, el avance en bancarización e inclusión financiera, las billeteras electrónicas que hoy tenemos y otras herramientas.
Esto es reputación, esto está en los medios, esta información nos posiciona, esta data hace que nuestro sistema se muestre como sinónimo de avance, de mejora constante y ha hecho que entre ellos se desarrolle una especie de “competencia mediática” por estar, porque la gente lo sepa y por crear servicios y productos nuevos para los usuarios.
Esto no está mal, claro que no. Ahora bien, supone retos y riesgos ligados a los intangibles, ya que mientras más “en el medio” estamos, más expuestos y en una selva de 010101, las redes sociales y las cámaras, la información buena y mala corre a la velocidad de la luz.
Todo esto, sumado a temas como la responsabilidad social corporativa (RSC), los patrocinios y alianzas, cumplimiento de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la inclusión laboral de personas con discapacidad y el empuje en la educación financiera.
En resumen, tenemos un sistema sano, que goza de buena fe y que cada día se esfuerza por estar mejor y cuidarse, que en pocas palabras: es cuidar a cada dominicano y su economía.
Yo me alegro, motivo a que continúen estas mejoras y a que la comunicación siga velando por identificar los mejores momentos para informar acerca de estas innovaciones y siga siendo un respaldo de la imagen y la recordación positiva de nuestro sistema financiero, dentro y fuera. Les aplaudo de pie. ¡Enhorabuena!













