Admito mi sorpresa cuando leí esto: “La proliferación de paneles solares le está costando a las EDE casi US$90 millones por año y ese monto está creciendo”. Lo vi en una reciente presentación de Macro Ideas, a propósito de un estudio realizado con el apoyo de Ecomod. República Dominicana otorga incentivos tributarios y de tarifa a instalaciones fotovoltaica a clientes residenciales cuya capacidad sea menor o igual a 25 kilovatios y comerciales e industriales que no superen un megavatio de potencia instalada.
Según este estudio, incentivar las energías renovables tiene costos que alguien los está pagando. Lo que se plantea, a grandes rasgos, es un cuestionamiento a la promoción de la microgeneración eléctrica utilizando como fuente el sol.
Y aquí llega la pregunta: ¿Quién gana y quien pierde con los paneles solares? En todo caso, las energías renovables, aquellas que provienen de fuentes inagotables y limpias, como el sol y el viento, necesitan más incentivos. La proliferación de paneles solares, principalmente en empresas e industrias, obedece fundamentalmente a una sola variable: a la costosa ineficiencia histórica de un sistema eléctrico dominicano incapaz de servir energía con calidad y estabilidad, a precios competitivos.
No creo, aunque se intente buscarle la quinta pata al gato, que la proliferación de paneles solares genere pérdidas a las EDE. Esto no tiene forma de sustentarse desde el punto de visto de la gestión financiera de una empresa. Las distribuidoras electricidad sólo compran la energía que están dispuestas a servir, jamás compran de más.
Si un colmado sólo puede vender 100 plátanos por día es improbable que su dueño (administrador) compre 200 al productor, pues sabe que perderá. Las distribuidoras reportaron un déficit de aproximadamente US$1,500 millones en 2023, principalmente por pérdidas técnicas (baja inversión en redes) y no técnicas, las cuales tienen que ver conexiones ilegales y robo de energía. Ambas razones están relacionadas con el gestor, no con el consumidor. En lenguaje llano hay que decirlo: quienes han administrado las EDE “no han dado pie con bola”, aunque sí estoy seguro de que han tenido la mejor de las intenciones. Por las razones que sean, los números indican que algo ha fallado. ¿El ingrediente político pesa aún?
La Ley 57-07 de Incentivos a las Energías Renovables es una apuesta por el medio ambiente y por la economía del país. ¿Cuántos barriles de petróleo ha dejado de quemar el país desde que se aprobó esta legislación? ¿A caso República Dominicana no es signataria de acuerdos que buscan frenar el calentamiento global? ¿Cuánto se ha ahorrado el país, con el impacto positivo que esto tienen las finanzas públicas, al no importar el petróleo sustituido con la autogeneración vía los paneles solares instalados en parques, empresas y viviendas?
Hay un cuestionamiento sobre el esquema de medición que se utiliza en la generación distribuida. ¿Que se está subsidiando al autoproductor? Esto sí es verdad que no se entiende. ¿A cómo vende la distribuidora la energía que recibe de los paneles solares? ¿A caso hay alguna red entre el sol y la fuente que transforma ese calor en energía? Al final, si sacamos cuenta, hay un verdadero “neteo”, pues quien genera 10 y exporta esa misma cantidad a las redes, lo que está haciendo es entregar una energía que también será comercializada por la distribuidora. ¿A cómo le compra la EDE al autoproductor y cómo le vende?
El estudio de referencia dice, además, lo siguiente: “La normativa vigente no establece un límite a la potencia contratada en relación con la energía que consume el autoproductor ni tampoco a la energía que éste inyecta a la red”. ¿A quién perjudica esto? Si las distribuidoras son ineficientes y tienen pérdidas puede ser por esta razón. ¿O hay algo más? Podría ser, incluso, lo contrario: las empresas de distribución podrían reportar mejores números partiendo de la matriz energética.
Este estudio soslaya, adrede o no, que el problema de las pérdidas de las distribuidoras de electricidad no puede relacionarse con US$90 millones que supuestamente hayan perdido porque hay muchos paneles solares instalados. Esto, simplemente, no tiene forma de sustentarse. Sigamos promoviendo la instalación de parques de energía solar y la autogeneración, que la demanda de energía sigue creciendo y no podemos esperar a que el déficit sea por capacidad instalada insuficiente. ¿Por qué cuestionar que el número de clientes haya pasado de 112 en 2012 a casi 13,700 en agosto de 2023 y que la capacidad instalada (no generación) haya pasado de menos de 2 megas a 324 megavatios?









