Estoy todas las veces del mundo de acuerdo con la siguiente afirmación del director de Contrataciones Públicas, Carlos Pimentel: “el Estado debe contratar lo que quiere, de la calidad que se requiere y al precio más justo”.
Con esta consideración del funcionario, pensándolo bien, me llega otra frase a la cabeza: “lo barato sale caro”. Ahora bien, tampoco debe interpretarse o asumir como un hecho cierto que un proyecto, cuando se trata de la adjudicación de obras, reciba dos y tres adendas sobre el contrato original, independientemente de si ha sido modificado.
No se trata de comprar caro por comprar. El precio justo es sólo uno de los criterios a tomar en cuenta al momento de contratar obras o servicios en el Estado. Quienes gestionan el Estado, es decir, la cosa pública (dinero público) están en la obligación de hacerlo bien.
¿Qué significa hacerlo bien? No robarse el dinero, no contratar obras sin calidad e innecesarias; priorizar los recursos en lo que realmente es fundamental para el desarrollo económico y rendir cuentas de cada centavo erogado.
Resulta mejor pagar un poco más por un bien o por una obra si el contrato adjudicado incluye garantías, mantenimientos, seguros, durabilidad y transparencia, que por otro que sea barato y que no cumpla con ninguna de estos criterios. Yo prefiero pagar un 15% o 30% más por un bien que sé me durará un 50% más que otro que no me ofrece garantía.
¿Pagarías RD$3,000 pesos por unos zapatos que te durarán seis meses o RD$5,000 por otros cuya vida útil sea de dos años? La respuesta es obvia.
Considero, igual que Pimentel, que resulta positivo insertar el criterio de valor por dinero, un concepto que busca extirpar del sistema de contrataciones la falsa creencia de que el Estado está obligado a contratar y a adjudicar lo más barato.
Para materializar esto es que Contrataciones Públicas ha aplicado cambios en los criterios de evaluación que ya se han traducido al nuevo pliego de condiciones estándar. En todo caso, lo que debe perseguir todo funcionario a cargo de gestionar alguna institución del Estado, principalmente las que manejan los presupuestos más grandes, es ser eficientes, transparentes y estar siempre alertas a cualquier desvío.
Cuando se actúa con transparencia los resultados son siempre positivos. Ser celosos de los recursos públicos siempre tiene buena recompensa. La satisfacción del deber cumplido siempre será la mejor paga. Saquémonos de la cabeza que debemos comprar barato porque hay que ahorrar. Eso no funciona cuando se trata de garantizar calidad y durabilidad. El estado debe procurar siempre el precio justo.
Al final, y podría ser a manera de sugerencia, estoy de acuerdo con este criterio y posición del director de Contrataciones Públicas siempre y cuando se cumplan fielmente los procesos de fiscalización. Lo digo porque podría ser más la sal que el chivo. Si algo nos cuesta más, lo lógico es que nos dé más. Y debe en ser en calidad y tiempo.










