Cada año, según las cifras oficiales, aproximadamente 3,000 personas pierden la vida a causa del tránsito, lo que sitúa a República Dominicana entre los primeros cinco lugares en el mundo con las tasas más altas de mortalidad por cada 100,000 habitantes.
Este dato lo sustenta un informe sobre la situación mundial de la seguridad vial publicado por Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2018. Sin embargo, ahora no quiero hablar o hacer referencia a las pérdidas de vidas humanas como consecuencia del tránsito. Es por todos conocido que la imprudencia, falta de régimen de consecuencia, pobre o nula señalización, iluminación, falta de educación y conciencia ciudadana y vías en el mal estado, por mencionar algunas variables, están entre las causas.
Tampoco haré referencia profunda a los efectos que tiene en el medio ambiente que miles de vehículos estén varados en tapones, ya que lo que expiden es dióxido de carbono.
Quiero analizar, aunque sea de manera breve, las implicaciones económicas de permanecer atascado o atrapado en un tapón, a veces por horas, para trasladarse de un punto a otro. Es emocional y económicamente insostenible que los dominicanos destinen tanto tiempo a la movilidad.
Si hay una variable que ayuda o contribuye con el desarrollo de las sociedades esa es la capacidad de movilidad de los seres humanos. No tiene el mismo efecto en la productividad cuando alguien sale de su vivienda dos o tres horas antes del horario de inicio de sus labores, que alguien que puede aprovechar más el tiempo en reponer las energías para ser más productivo.
El caos en el tránsito, además de aumentar los riesgos de accidentes, también son un caldo de cultivo para los incidentes entre quienes se ven atrapados y sin salida. La impotencia de ver el tiempo improductivo pasar frente a tus narices exacerba.
Ante esta realidad tan difícil de describir, llena de impotencia saber que mucho se ha teorizado sobre este mal que no sólo afecta la productividad, sino que genera violencia e inseguridad en las vías. No sólo se trata de hacer nuevas vías, que está muy bien que se hagan, sino que es saludable que se piense en soluciones a largo plazo, en las que se incluyan a los peatones.
¿Cuánto podríamos hacer los dominicanos con las horas desperdiciadas todos los días por estar atrapados en un tampón y sin una salida a la vista? Un ser humano que sale estresado de su casa, porque sabe que tendrá que cuadriplicar el tiempo disponible para llegar hasta su centro trabajo, siempre será menos productivo que uno que llegue descansado, seguro y a tiempo. El Estado, o dicho de otra manera: sus administradores, deben pensar en la impostergable necesidad de garantizar un transporte más eficiente, seguro y económico.
La continuidad de los proyectos de expansión del sistema de movilidad masivo de pasajeros, junto con otras medidas o acciones complementarias, debe asumir como una prioridad nacional.
Ya República Dominicana debe dar el verdadero salto cuantitativo hacia un sistema de transporte y traslado masivo de pasajeros más acorde a las exigencias de una economía dinámica y en constante expansión.










