Al analizar la reforma fiscal propuesta por el gobierno, parece que, en lugar de solucionar los problemas, estos se agravan. Se imponen más impuestos a la clase media, incrementando los gravámenes sobre alimentos, salarios y propiedades de bajo costo, mientras que las grandes propiedades y fortunas, que se benefician de la explotación de los recursos del país, quedan intactas.
El gobierno anuncia como primer objetivo aumentar las dádivas a los más pobres, quienes, sin saberlo, recibirán un monto que no compensa lo que la reforma les cargará. Además, estos beneficios no alcanzan a todos los sectores humildes, ya que se hace un uso político de los mismos.
Como bien señaló un economista, el gobierno pretende “cazar en el zoológico” en lugar de ir al vasto “bosque” de evasores fiscales y elusores, aquellos grandes capitales que esconden su riqueza en paraísos fiscales o se benefician de vacíos y desviaciones en las leyes locales. A su vez, no se observa un esfuerzo real por reducir o mejorar la eficiencia del gasto público. Se ha incrementado la nómina pública en más de RD$120,000 millones, se han otorgado pensiones a personas que no las necesitan, y se ha registrado un gasto excesivo en publicidad para comprar voluntades y ocultar las deficiencias gubernamentales. No hablemos del enorme gasto en las pasadas elecciones.
Frente a la avalancha de críticas de diversos sectores, el presidente ha prometido revisar la propuesta de reforma con los sectores afectados. Sin embargo, esta reforma no es ni moderna ni inteligente. El pueblo carece de representantes genuinos; se supone que elegimos senadores y diputados para que protejan nuestros intereses, pero no tenemos la certeza de que lo hagan, ya que muchos de ellos están involucrados con dinero ilícito y defienden intereses muy alejados de los de la nación.
En cuanto al sector en el que me desempeño, el de los seguros, existe un impuesto selectivo que debería ser reemplazado por el ITBIS (que ahora se llamará Impuesto al Valor Agregado -IVA-) y eliminado en los seguros de vida, para evitar la fuga de capitales a través de seguros en dólares que no tributan en otros países.
Esta medida incentivaría el ahorro, algo beneficioso para cualquier economía. Asimismo, sería oportuno desincentivar el consumo de petróleo gravando a los vehículos de mayor consumo o imponiendo sanciones más severas a los infractores de las leyes de tránsito. Esta sería una medida inteligente, ya que, además de recaudar fondos, el gobierno estaría sancionando a los ciudadanos de mala conducta.
Ni el seguro ni el ahorro deben considerarse artículos de lujo, a quienes se le aplican impuestos selectivos. Antes de que se impusiera el impuesto selectivo al seguro de vida, el mercado comercializaba más de U$20 millones. Ahora que somos más fuertes, apenas se comercializan U$2 millones, porque los usuarios prefieren asegurar en dólares fuera del país, exportando capitales que no se reflejan en las reservas de las aseguradoras ni se invierten en instrumentos bancarios locales.











