Con el anuncio del retiro del controvertido proyecto de ley de reforma fiscal (denominado “modernización fiscal” por el Gobierno), el Presidente demostró que es un demócrata y que no pretendía utilizar su abrumante mayoría congresual para imponer una medida que había concitado rechazo de amplios sectores. Sin embargo, lejos de ser una conquista ciudadana o, de alguna manera, una “victoria”, la situación plantea serios desafíos para el país y nos obliga a ponderar las alternativas que están a nuestro alcance en esta materia.
En primer término, se debe reiterar que el proyecto de ley que fue presentado nos parece que no reunía las condiciones necesarias para ser aceptado por la sociedad y para generar el valor que merecemos. En esencia, se había prometido un replanteamiento y modernización de nuestro sistema tributario, pero el proyecto de ley era, en el fondo, un parche fiscal similar a los que le habían precedido, donde mayormente se aumentaban los impuestos que recaen sobre los que ya pagan.
Las estimaciones de la evasión fiscal en nuestro país varían, pero de que exceden el 50% del monto que se debería recaudar, al parecer es un consenso entre todos. En ningún país del mundo la evasión se sitúa en cero, y de hecho, es usual en Latinoamérica que ronde el 30% a 35%; pero de ser así, la República Dominicana tiene un “mango bajito” de reducir la evasión, y de hecho, de apenas hacerlo en un 10% (es decir, no llegar al medio en la región, sino cortar en mitad la diferencia entre lo que captamos y nuestros pares), se estaría hablando de recaudaciones de alrededor del 1.5% al 2% del PIB.
Del párrafo anterior debe quedar claro que, para este autor, la clave para la financiación adecuada del Estado dominicano no está en aumentar impuestos, sino en cobrar los que ya existen en los libros. Puede ser una tarea difícil, y siempre es más fácil cobrar a quienes ya pagamos, pero la alta informalidad y falta de transparencia en el pago de tributos es un mal endémico a nuestro país, y el Gobierno erró en no enfocarse en este tema durante los últimos dos años para entonces presentar una “modernización” fiscal.
Igualmente, nuestro parecer es que el Gobierno perdió una gran oportunidad al no presentar propuestas de mejora de los aspectos fundamentales del sistema tributario, algo que hemos comentado previamente en este espacio. Si no hacemos un esfuerzo real de simplificar los requerimientos para el cumplimiento tributario, no habrá un camino para ayudar a quienes deben formalizarse.
Pero en el fondo, tal como se planteaba al inicio de este artículo, el retiro del proyecto de ley de reforma fiscal no es una victoria o conquista, ni es algo que nos debe alegrar o llevar a celebrar. El déficit fiscal ronda el 3% del PIB, una cifra altísima. La inversión en gasto de capital debe aumentar. Un ajuste fiscal será necesario a corto o mediano plazo en nuestro país, o “la fiesta” del milagro dominicano va a terminar.
Lo importante en este momento es saludar la disposición del Presidente y del Gobierno de dialogar, de abrir espacios y replantear la reforma, que es necesaria para la solvencia a largo plazo de nuestra nación.






