Luis Miguel de Camps lo hizo muy bien el Ministerio de Trabajo. De eso no hay duda. Podríamos decir que está entre los mejores ministros en esta institución estatal de los últimos 30 años.
Durante su gestión de cuatro años y cinco meses no hubo un solo escándalo relativos a las discusiones salariales, conflictos laborales ni de corrupción. Ha sido una gestión que habrá de quedar marcada como una de las mejores.
Los ajustes de salarios que se hicieron durante su gestión, en los diversos sectores, llegaron a la mesa de toma de decisiones consensuados, es decir, se evitaron las kilométricas jornadas para lograr un acuerdo. Fue un gran conciliador entre patronos y empleados. Así quedará en su hoja de servicio.
Ahora bien, De Camps ha aceptado el reto de liderar uno de los ministerios más complejos. El Ministerio de Educación no sólo implica manejar la mayor cantidad de recursos asignados a una entidad del Estado, sino lidiar con un gremio, como el de los profesores, que tiene capacidad de presión (y chantaje político) en grado superlativo, pero que, al mismo tiempo, son parte del problema, en vez de constituirse en parte de la solución.
Y ojo: hay que reconocer que los maestros o profesores son fundamentales en el desarrollo del sistema educativo dominicano. Es justo por esto que, además, han sido parte del problema, pues han rechazado, en gran medida, la implementación de métodos modernos en el currículo escolar. Sus reclamos, como es obvio, se fundamentan sólo en mejoría de salarios y condiciones laborales, pero no en mejorar la calidad de educación, de la que ellos son responsables.
Más de un billón de pesos destinados al sector educativo desde 2013 a la fecha, sin resultados positivos, es la mejor demostración de que algo falta por ajustar en cuanto a la calidad de gasto en Educación. ¿Cuántas veces han logrado reajuste de salarios los maestros desde la implementación del 4% del producto interno bruto (PIBI) a la educación preuniversitaria? ¿De qué ha servido?
Para este año, el presupuesto de Educación es de RD$309,832,1 millones. Ningún otro Ministerio tiene asignado un monto mayor. Ni siquiera la Presidencia de la República.
La mayoría de los ministros de Educación salen bajo serios cuestionamientos por su capacidad de gestión, principalmente en cuanto a la mejoría en la calidad de la educación. Casi todos, además, han salido de ahí con un proyecto presidencial.
Josefina Pimentel, Carlos Amarante Baret, Melanio Paredes, Andrés Navarro, Antonio Peña Mirabal, Roberto Fulcar Encarnación, Ángel Hernández y ahora De Camps han tenido la responsabilidad de liderar este Ministerio.
Ante este panorama, creemos que el reto de De Camps será no quemarse y pasar con buenas notas en la gestión de este complicado Ministerio.
La tapa al pomo, al parecer, se la quiere poner el presidente de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), Eduardo Hidalgo, quien cuestionó que el presidente Luis Abinader designara a De Camps ministro de Educación, tras señalar que es una persona ajena al sistema educativo preuniversitario. Y yo pregunto: ¿A caso han funcionado los que son del sector? ¿De qué han servido los que sí son del sector?










