Según un documento del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD, 2019), la cooperación internacional hace referencia al conjunto de acciones entre dos o más países u organismos para abordar una temática, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de las personas radicadas en el país beneficiario, y se concibe como una herramienta de carácter internacional orientada a movilizar recursos e intercambiar experiencias para alcanzar metas comunes.
Así también, la Inteligencia Artificial refiere que los objetivos básicos de la cooperación internacional al desarrollo se enfocan en reducir la pobreza, promover el crecimiento sostenible y mejorar el bienestar de las poblaciones en países en desarrollo. Estos objetivos se alinean con la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), además de estar en correspondencia con otros instrumentos de planificación y desarrollo que tienen las naciones que reciben este tipo de cooperación.
De la cooperación internacional al desarrollo se desprenden la reembolsable y la no reembolsable, operando la primera a partir de una transferencia de recursos financieros en forma de créditos, líneas de créditos o préstamos, en condiciones concesionales, que representa para el receptor una deuda legal; en tanto que la segunda implica la donación o subvención de fondos que no obliga a un reembolso por parte de los países que la reciben. Estos recursos pueden ser en dinero o en especie.
De las dos modalidades de cooperación, la que más nos interesa en este momento es la no reembolsable, ya que la misma no genera deuda y los recursos financieros recibidos se destinan a programas, proyectos e iniciativas en sectores tan variados como la educación, salud, infraestructura, fortalecimiento institucional, medio ambiente, gobernanza y estado de derecho, democracia, desarrollo local, entre otros. Así también, este tipo de cooperación actúa en donde los fondos públicos son insuficientes para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones vulnerables.
La historia de la cooperación no reembolsable en la región es larga y con resultados tangibles, lo mismo que en la República Dominicana. Por ejemplo, la cooperación española ha estado presente en nuestro país desde 1987, enfocándose en estrategias y acciones dirigidas al desarrollo sostenible y a la erradicación de la pobreza.
De su lado, durante el período 1996-2024 la cooperación entre la Unión Europea y la nación dominicana ha sido sólida, apoyando en temas cruciales como las mipymes, reforma de la administración pública, mejora del sistema energético, lucha contra el cambio climático e impulso a la economía verde. Lo propio ha ocurrido con la JICA, GTZ/GIZ y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), esta última funcionando desde el 1962.
Pero a los nuevos inquilinos de la Casa Blanca se les ha ocurrido la brillante idea de desmantelar este instrumento de apoyo a países pobres, la cual había venido contribuyendo con nuestro país en temas tan diversos como salud, gobernabilidad, reforma policial y lucha contra la corrupción, sistema de justicia, gestión sostenible de los recursos naturales y de desastres, entre otros. Hay que orar mucho para que esta locura colectiva que se ha apoderado de los actuales autoridades del Gobierno Central norteamericano tenga límites y no genere efectos multiplicadores, hacia atrás, peores de lo que se pretende corregir.











